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Gráfico: Milenio

A mediados de la década de los treinta, México entró en una etapa muy importante de construcción de instituciones. Bajo el liderazgo de Lázaro Cárdenas y sus ministros, se impulsó la idea de hacer de las escuelas técnicas, entonces dispersas y escasas, una piedra angular del desarrollo económico y social del país. El entonces Secretario de Educación Pública, don Narciso Bassols, lanzó la propuesta de integrar todas esas escuelas en una institución nacional con una fuerte orientación hacia la investigación científica y la formación de cuadros que proveyeran a la naciente industria mexicana del capital humano indispensable. De esta manera, el 16 de enero de 1936, abrió sus puertas el Instituto Politécnico Nacional. Bajo la batuta del Ingeniero Juan de Dios Bátiz, gran educador mexicano, el IPN consolidó una reputación intachable como la máxima institución de estudios técnicos en el país. Articulando todo un esquema educativo, como alternativa a la educación preparatoria y universitaria encabezada por la UNAM, el IPN comenzó la fundación de las escuelas vocacionales, llamadas posteriormente Centros de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT), donde los jóvenes podían comenzar sus estudios intermedios especializándose en las ramas físico-matemáticas, médico-biológicas y comerciales-administrativas. Bajo el lema La Técnica al Servicio de la Patria, el Politécnico ha venido ampliando sus actividades docentes, de investigación, de divulgación, de carácter cultural y deportivo hasta ser hoy una institución sin cuya existencia no puede explicarse la historia contemporánea de nuestro país.

Esta semana el IPN cumplió 75 años de fundación y, por tanto, vale la pena hacer un recuento amplio sobre sus logros. En primer lugar, 800 mil egresados de sus 174 programas docentes han hecho una contribución inestimable al desarrollo de nuestro país. De sus 81 unidades académicas –entre las que destacan las Escuelas Nacionales de Ciencias Biológicas, de Comercio y Administración, de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, de Física y Matemáticas, además de sus 15 CECyt y sus 12 Centros de Educación Continua y a distancia, han egresado hombres y mujeres cuyos nombres abundan en la historia de la modernización de nuestro país. Son grandes personalidades como el Ingeniero Alejo Peralta, el doctor Jesús Kumate, el neurofisiólogo Pablo Rudomin –uno de los científicos más reconocidos del mundo en esta área del conocimiento- y el expresidente de México Ernesto Zedillo, el testimonio vivo de esta fructífera empresa. Entre su planta docente han venido destacando nombres tan relevantes como los del gran arquitecto Juan O’Gorman, don Heberto Castillo y el pionero de la computación Adolfo Guzmán Arenas. En segundo lugar, hay una vocación investigadora y de invención que le da un carácter distintivo al Politécnico. Desde que Guillermo González Camarena, egresado de la Escuela de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), inventó el transmisor que hizo posible la televisión a color dio comienzo una tradición que afortunadamente no cesa de darle grandes satisfacciones al IPN y a México. El primer videojuego mexicano, el Bipedestador –silla única en el mundo para la rehabilitación y movilidad de discapacitados-, los pilotes de control –una gran innovación en la arquitectura contemporánea-, así como el concreto traslúcido son apenas algunos de los miles inventos que científicos del IPN han dado al mundo. En tercer lugar, el IPN se ha venido colocando a la vanguardia en la investigación científica con el trabajo de algunos institutos además de mantener altos niveles de calidad entre las instituciones de educación pública. El Centro de Investigación y Estudios Avanzados (CINVESTAV), por ejemplo, ha sido reconocido con el premio ANUIES 2010 y, por tercer año consecutivo, el IPN se mantiene como la mejor escuela a nivel medio superior de acuerdo con los resultados de la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE) que aplica anualmente la Secretaría de Educación Pública.

Son instituciones públicas de excelencia, como el Instituto Politécnico Nacional, las que un país como el nuestro necesita fortalecer y multiplicar. Enhorabuena al IPN, a su directora Yoloxóchitl Bustamante, y a todos los egresados, profesores, investigadores y trabajadores de este gran proyecto educativo, cultural y, por citar al Ingeniero Bátiz, de responsabilidad y solidaridad social.

Artículo publicado el pasado 26 de febrero en Milenio Diario, estado de México

Foto: www.otromundoesposible.net

Esta semana, en Cancún, arrancó la edición décimo sexta de la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP 16). Bajo el liderazgo de México, país sede de este encuentro, este mecanismo de diálogo y cooperación multilateral en el marco de la Convención de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático, se ha propuesto avanzar en la agenda de compromisos globales a los que es necesario arribar en favor de la sustentabilidad del planeta. Delegados de los 192 países miembros, expertos en la materia, representantes de cientos de organizaciones no gubernamentales, funcionarios de Naciones Unidas, medios de comunicación y grupos de la sociedad civil estarán reunidos hasta el 10 de diciembre con el objetivo de avanzar hacia un acuerdo jurídicamente vinculante para reducir la emisión global de emisiones de gases de efecto invernadero. Asimismo por parte del Senado de la República, estaremos participando un Grupo plural de 8 legisladores, del cual me enorgullece formar parte, en tan relevante evento.

Se ha dicho hasta el cansancio que en Cancún será difícil alcanzar este objetivo. La sombra de Copenhague -y sus exiguos resultados- deambula todavía en algunos grupos de países, aún renuentes a comprometerse del todo en adoptar un acuerdo mediante el que se verían obligados a asumir costos y responsabilidades sustanciales. Algunos de ellos argumentan, por ejemplo, que su crecimiento económico e industrial se verían severamente comprometidos.

Desde la perspectiva de México, sin embargo, este es un dilema falso. Con esa claridad lo expresó el Presidente Felipe Calderón durante la inauguración de la Cumbre. El crecimiento económico y la protección del medio ambiente no deben ser concebidos como objetivos mutuamente exclusivos. Se pueden obtener, en efecto, ambos objetivos de manera simultánea pero se necesita una visión de futuro que nos permita entender que el costo de no hacerlo, así como el impacto de esta inacción sobre las condiciones generales del planeta, es mucho mayor.  En los últimos años las temperaturas del planeta se elevaron un grado centígrado en promedio provocando una elevación sin precedentes en las masas oceánicas. Buena parte del planeta podría comenzar a presentar inundaciones crónicas y la alteración de lo que los expertos denominan el equilibrio térmico podría traer repercusiones gravísimas para la humanidad como la desertificación de amplias zonas geográficas, la expansión de huracanes y olas de calor que, por lo menos desde 2003, han venido causando la muerte exponencial de cientos de miles de personas.

Los más vulnerables, como siempre, son quienes no cuentan con los recursos para hacer frente a estas emergencias. Son los pobres del planeta quienes sufrirán con mayor intensidad los embates más severos del cambio climático provocando grandes desplazamientos de población, la escasez de productos alimentarios y la propagación de enfermedades directamente relacionadas con la frecuencia de lluvias en territorios insalubres. En México, sus efectos ya se sienten con fuerza en estados como Tabasco y Chiapas y aunque se actúe en consecuencia, se requiere obviamente de compromisos globales que trasciendan los esfuerzos nacionales. Expertos han calculado, por ejemplo, que la vulnerabilidad de México ante el cambio climático es a tal grado relevante que, a menos que se multipliquen acciones para impedirlo, en 2050 la temperatura promedio del país se elevará dos grados Celsius lo que dará lugar a crudas sequías y, por tanto, a un problema severo de escasez de agua. Peor aún, de acuerdo con investigaciones realizadas por el Centro de Ciencias Atmosféricas de la UNAM, hasta 48% del territorio nacional estaría gravemente expuesto a estos fenómenos.

La urgencia de la acción colectiva es evidente y, sin embargo, no todos parecen coincidir en la intensidad y el alcance de la respuesta global. Se interponen, sin duda, muchos intereses. Además se interponen reglas de operación de la Cumbre que bajo el principio del consenso cancelan la posibilidad de generar acuerdos imposibles de ser vetados.

Sin embargo, el liderazgo internacional de México, y el reconocimiento global hacia su política ambiental, son importantes activos para la generación de un compromiso suficientemente amplio como para acercar las posiciones de la Unión Europea y Japón, por un lado, y las de Estados Unidos, China e India por el otro. No podemos permitir, de ninguna manera, que la frustración de Copenhague contamine el ambiente en Cancún. Tampoco podemos permanecer impasibles ante las posiciones irreductibles de quienes hicieron fracasar la Cumbre previa. Mucho podemos hacer, en cambio, para avanzar con paso firme en la hoja de ruta que se planteó hace 13 años en Japón.

Es realista pensar que la Cumbre de Cancún podría servir para encontrar una posición intermedia. Desde luego que se necesita avanzar hacia un nuevo Protocolo post-Kyoto que, a partir de 2013, señale responsabilidades y compromisos concretos. Pero igual de importante resulta, por ejemplo, la obtención de resultados en materias cruciales como el financiamiento, los procesos de adaptación, mitigación, transparencia y monitoreo del cumplimiento de distintos compromisos previos o los denominados mecanismos de REDD-plus para reducir la deforestación y la degradación de los bosques. Se trata de una cita con la historia y con el futuro de la humanidad. De ese tamaño es el reto y la responsabilidad de los participantes de la Cumbre.

 

Artículo publicado el pasado 4 de diciembre en Milenio Diario, estado de México

 

En 1939, un grupo de profesionistas, intelectuales y empresarios fundaron el Partido Acción Nacional con un ideal democrático y cívico en mente. Se trataba de ir formando a la población mexicana –presa del corporativismo autoritario practicado por el partido hegemónico- en los valores que eventualmente los transformarían en ciudadanos libres y responsables. Fue un largo proceso que congregó a figuras cuyo patriotismo y estatura moral se ubicó muy por encima del contexto político del momento. Es imposible citar aquí a todos ellos pero el honor, la honestidad y la generosidad de actores clave a lo largo de su historia, explican el presente vigoroso de nuestra institución.  Desde Don Manuel Gómez Morín hasta Carlos Castillo Peraza, Adolfo Christlieb, Manuel J. Clouthier, José Ángel Conchello y Luis H. Álvarez, el partido ha sido, durante estas siete décadas, un semillero de mexicanos notables por su amor a México.

El PAN fue, por mucho tiempo, la única oposición firme al régimen autoritario en nuestro país. Llenaba plazas cuando sólo el partido de Estado lo conseguía, moviendo toda su maquinaria; ganaba elecciones cuando la inequidad era prácticamente absoluta; se oponía a la política gubernamental cuando nadie se atrevía a hacerlo y convencía a las personas de que de ellas dependía el futuro del país. Acción Nacional no era sólo un partido político. Era una escuela cívica, una academia democrática y una organización para todos quienes, por una u otra razón, nunca comulgaron con la corrupción, el autoritarismo, el populismo y la cerrazón del régimen posrevolucionario.

Con perseverancia en su lucha cívica y política, Acción Nacional logró en el 2000 lo que parecía imposible. Después de triunfos electorales muy importantes en posiciones legislativas y de gobierno en distintos estados de la República, Vicente Fox ganó la elección presidencial. Uno de los propósitos del partido se empezaba a cumplir y se abría un nuevo capítulo en nuestra historia política. El PAN conseguía darle a México un valioso e histórico obsequio: una transición pacífica hacia la democracia. Con la elección presidencial de 2006, se reafirmó la confianza que en el PAN mantienen amplios sectores de la sociedad mexicana y, una vez más, se hizo patente el rechazo de la mayoría del electorado hacia los políticos del pasado.

Por muchas razones, este aniversario del PAN es especialmente significativo. Se da en el contexto del Bicentenario de la Independencia y del centenario de la UNAM. Para Acción Nacional, 200 años del Estado Mexicano suponen el reto de seguir construyendo un país cada vez más fuerte, soberano y autónomo. La UNAM simboliza, para los panistas, no sólo el espacio donde cientos de miles de correligionarios se han formado académicamente sino el recinto educativo que encarna los ideales de libertad, tolerancia y democracia a los que aspiramos en todo el país.

Sin duda, la situación actual del partido y del país es muy distinta a la que nos vio nacer y desarrollarnos como opción de gobierno. Si bien es cierto que hemos llevado la alternancia a la Presidencia de la República y desde 1997 al Congreso de la Unión tenemos retos mayúsculos por delante. Como partido político hay que tener presente que algunos estados de la República y muchos municipios en el país no han visto llegar aún la transición democrática. Tenemos que trabajar de manera firme y decidida para, ya sea individualmente o en coalición con otros partidos políticos, conseguir que el resto del país viva a tono con los cambios políticos que son una realidad en otras entidades. También como partido tenemos el desafío de regresar a los orígenes. Es natural observar un desgaste en el ejercicio de gobierno y, como cualquier otra organización política, no somos inmunes ni a la corrupción ni a tentaciones autoritarias y patrimonialistas de toda índole. Hemos vivido duras derrotas electorales que nos han hecho reflexionar sobre la importancia de mantenernos fieles a nuestros principios humanistas, apegados a nuestra doctrina y vigilantes de no apartarnos de ninguno de ellos en nuestro actuar como autoridades, funcionarios públicos o representantes populares. Como sostiene el Senador Santiago Creel, un ejercicio de autocrítica es indispensable si es que queremos seguir en la batalla de modernizar a México y erradicar al viejo régimen al que no hemos podido derrotar del todo. Nos hace falta también un ejercicio para reorientar nuestras prioridades y ocuparnos de algunos de los obstáculos más relevantes para el crecimiento del país. Esto no implica, de ninguna manera, abandonar nuestra lucha, firme y sin contemplaciones, contra el crimen organizado.

Como lo afirmó  el Presidente Calderón, vamos por la Presidencia de la República en 2012. Necesitamos la construcción de una mayoría legislativa para sacar las reformas que nos saquen de un largo letargo económico y social. Vamos por una reforma educativa, vamos por cambios de fondo para romper los amarres del viejo régimen. Después de los triunfos electorales de julio pasado, estamos de vuelta en la pelea electoral en gran parte de la República y toca el turno del estado de México. No vamos a permitir que un autócrata perpetúe a una dinastía corrupta e inepta al frente del gobierno mexiquense. México es otro desde 2000 y once años después lo menos que merece el estado de México es un proceso de cambio democrático. Por ello, seguiremos en la batalla de mover las almas de todo México, y en los meses por venir, las de los mexiquenses.

Artículo publicado el pasado 25 de septiembre en Milenio Diario, estado de México

Un nuevo recinto se unirá a los más de 120 museos con que cuenta la Ciudad de México. Se trata del Museo de la Mujer, el cual, por iniciativa de la Federación Mexicana de Universitarias (FEMU) y gracias al respaldo de la Universidad Nacional Autónoma de México, abrirá sus puertas en breve en el Centro Histórico. Se trata de la antigua imprenta de la UNAM en la calle de República de Bolivia.

Inauguración del Museo de la mujer. Foto: www.terra.com.mx

Esta bella casa de dos pisos albergará un museo que era ya indispensable establecer en el contexto de la inminente celebración del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana. La Historia de México, durante buena parte del siglo XX, no sólo se venía narrando y construyendo desde una perspectiva masculina sino desde enfoques que soslayaron el papel protagónico de las mujeres en muchos de sus capítulos.

Por supuesto que esto comenzó a cambiar cuando una nueva generación de historiadores puso el acento en los temas de la vida cotidiana, en la llamada “historia de las mentalidades”, la evolución de los derechos de las mujeres y, de manera concreta, en la recuperación de biografías de mujeres notables en nuestro devenir histórico desde la época prehispánica y hasta la actualidad. En efecto, la recuperación y el estudio de esta historia, previamente marginada, será el aporte principal del Museo de la Mujer.

Sin embargo, de acuerdo con sus creadores, será también “un espacio vivo” dedicado a divulgar los elementos principales de una cultura de equidad y no discriminación.

Además de su Colección Permanente que actualmente se encuentra en construcción, el Museo divulgará, mediante presentaciones de libros, ciclos de cine y conferencias, temas relevantes sobre la situación actual de la mujer en México y se unirá a la red de instituciones que se ocupa de apuntalar la equidad de género en nuestro país. Aunque el Museo apenas celebró su preinauguración el pasado 5 de agosto, la UNAM informó que el compromiso es terminar de instalarlo y abrirlo al público el próximo 8 de marzo precisamente cuando se celebre el Día Internacional de la Mujer.

La colección contará con una breve pero imponente exposición que, de manera cronológica, partirá desde la presencia de las mujeres en la sociedad y cosmovisión prehispánicas y culminará en 1953, año en que las mujeres obtuvieron su derecho al sufragio.

En este recorrido histórico se prevé que ocupen un lugar destacado aquellas mujeres que, en distintos momentos, hicieron una aportación fundamental a la construcción de la Nación Mexicana. Es el caso de la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, la Dra. Matilde Montoya – primera mujer titulada en medicina en nuestro país, las artistas Ángela Peralta, Frida Kahlo, Lola Álvarez Bravo y María Izquierdo, la escritora, activista y diplomática Amalia González Caballero de Castillo –quien abanderó la lucha por el derecho al voto de la mujer en los años cincuenta-, la Dra. Helia Bravo –pionera de la biología en México-, entre muchas otras.

No obstante, en el contexto de la doble celebración por el Bicentenario de la Independencia y la Revolución Mexicana, resulta especialmente pertinente recuperar el papel protagónico que tanto las mujeres en lo general, como algunos personajes femeninos en lo particular, tuvieron en ambos episodios de nuestra historia.

La independencia de México habría seguido un curso distinto sin la presencia de La Corregidora, doña Josefa Ortiz de Domínguez. Gracias a su valiente y decidida intervención, la Conspiración de Querétaro consiguió emitir la Declaración de Independencia y movilizar amplias capas de la población a favor de la insurrección.

Entre los insurrectos había numerosas mujeres. Una de ellas fue la célebre Gertrudis Bocanegra cuya temeridad le ganó el sobrenombre de La Heroína de Pátzcuaro. María Ignacia Rodríguez, alias la Güera Rodríguez, fue otra importante artífice de la consumación de la Independencia.

Sin su intervención, reflexionan algunos historiadores, Iturbide probablemente no se hubiera unido a las filas de los insurgentes y el famoso Abrazo de Acatempan podría no haberse producido. Leona Vicario ocupa también un lugar destacado en la historia de la Independencia de México.

Única mujer a la que se le brindaron Funerales de Estado, Vicario fundó, con su propia fortuna, la orden secreta Los Guadalupes, misma que brindaba apoyo financiero y logístico a los insurgentes.

Por otro lado, durante la Revolución Mexicana, mujeres notables como la maderista Carmen Serdán, la zapatista Esperanza Chavarría, la coronela Juana Gutiérrez de Mendoza, alias La China y la periodista Elisa Acuña engrosaron las filas de un movimiento crucial para la modernización de México. Pero más importante aún, junto a todas ellas, hubo millones de mujeres quienes, desde el anonimato, lucharon por un México libre, independiente y con más oportunidades para todos. Desde las Adelitas revolucionarias, hasta los movimientos feministas en Yucatán, San Luis Potosí y el Distrito Federal, las rebeldes maderistas de Madera, Chihuahua y las primeras universitarias que conformaban el movimiento sufragista, las mujeres son parte indisoluble de esta historia.

Mujeres jóvenes y de la tercera edad, en situación de pobreza y con mejores condiciones económicas, amas de casa, escritoras, poetas, monjas y empresarias, participaron activamente en ambos movimientos. Es menester, por tanto, sacar del olvido sus hazañas, recuperar las historias que dan testimonio de su valentía, compromiso y amor por México así como destacar la actualidad de su ideario a favor de la consecución de mayores oportunidades para mujeres y hombres por igual.

Artículo publicado el pasado 7 de agosto en Milenio Diario, estado de México

CIUDAD UNIVERSITARIA, Foto: agencia.cuartoscuro.com

Dos meses antes del estallido de la Revolución de 1910 un grupo de notables intelectuales y científicos mexicanos fundó, en el marco de los festejos del Centenario de la Independencia, la Universidad Nacional Autónoma de México. Luego de la clausura definitiva de la Real y Pontificia Universidad de México en 1865, México se quedó sin una institución universitaria de carácter genuinamente nacional. La idea de una nueva y moderna Universidad surgió en 1881 cuando el gran escritor y educador  Justo Sierra, entonces diputado, imaginó la fundación de ésta sobre buena parte del acervo y la infraestructura física e intelectual de aquella. El 22 de septiembre de 1910, durante una magna ceremonia en el anfiteatro de la antigua Escuela Nacional Preparatoria, Justo Sierra, entonces Secretario de Educación Pública y Bellas Artes, inauguró la Universidad Nacional.

En su histórico discurso manifestaba no sólo el interés por convertir esta institución en una pieza fundamental para el desarrollo científico, intelectual y social de México sino, de manera muy enfática, como piedra angular de la “realización de un ideal que se resume así: democracia y libertad”. Lejos estaba Sierra de imaginar que, a la postre, la UNAM se convertiría no sólo en nuestra máxima casa de estudios sino en una de las instituciones universitarias de mayor prestigio en la formación de profesionistas y el desarrollo de investigación académica de alto nivel en América Latina. En efecto, pocas Universidades en nuestra región pueden contar a tres de sus egresados como ganadores del Premio Nobel en distintas disciplinas. Es el caso de Alfonso García Robles (Nobel de la Paz), Octavio Paz (Nobel de Literatura) y Mario Molina (Nobel de Química). Adicionalmente, pocas universidades latinoamericanas se ubican, como la UNAM, en el grupo de las mejores 200 instituciones de educación superior en el mundo -de acuerdo con numerosos rankings internacionales- y aún menos ha sido declarada la Ciudad Universitaria como Patrimonio de la Humanidad, reconocimiento que la UNAM recibió de la UNESCO en 2007 al llamarla “un conjunto monumental ejemplar del modernismo del siglo XX”.

Ampliamente reconocida por dar cabida a todas las corrientes del pensamiento y por ser una fuerte promotora de la libertad de cátedra, la UNAM ha sido un actor protagónico en la historia contemporánea de nuestro país. Al menos tres periodos históricos destacan especialmente. El primero bajo la rectoría del Maestro de América, Don José Vasconcelos, en la década de los veinte. Durante ese periodo la UNAM fue parte fundamental de la denominada Reforma Universitaria Latinoamericana que la ubicó a la vanguardia en muchas disciplinas desde el derecho y hasta la medicina. Bajo el lema, acuñado por Vasconcelos, de “Por mi raza hablará el espíritu” se consolidó una vocación humanística para la Universidad que hoy se traduce en una institución pública, abierta, tolerante y generosa. El segundo periodo, durante los años sesenta, vio a la UNAM fungir como uno de los actores clave para la organización de las protestas estudiantiles y sociales que, en 1968, comenzarían a resquebrajar el viejo sistema político autoritario y a dar paso a una transición democrática.  El tercer periodo, durante los setenta, tuvo que ver con una gran expansión de la infraestructura de la UNAM. Con la construcción de cinco Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH), nueve planteles de la Escuela Nacional Preparatoria y cinco Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales, hoy Facultades de Estudios Superiores (Acatlán, Aragón, Cuautitlán, Iztacala y Zaragoza), la UNAM vivió una expansión considerable y sin precedentes. Durante esta década, además, comenzó la expansión de la UNAM con la apertura de centros de investigación y docencia en distintos estados de la República, con escuelas de extensión en Estados Unidos y Canadá, y con la creación de múltiples instituciones científicas, culturales, de desarrollo tecnológico y de difusión.

Ese entramado institucional es hoy un acervo de indudable valor para el presente y el futuro de nuestro país. Además de hacer posible una amplísima oferta en términos de educación media superior, educación superior y toda clase de especialidades profesionales, la UNAM auspicia investigación científica y humanística de vanguardia en áreas que van desde la astronomía y la fisiología celular hasta los estudios de género y las artes plásticas.

Su hermosa Ciudad Universitaria -con la impronta de Siqueiros, Pani y Rivera- y la extraordinaria reserva ecológica que alberga, sus 138 bibliotecas incluyendo la imponente Biblioteca Central, la majestuosa Sala Nezahualcóyotl, sede de la prestigiada Orquesta Filarmónica de la UNAM, su colosal Estadio Olímpico, sus Museos, sus jardines y espacios escultóricos no son sólo parte integral del patrimonio universitario sino elementos indisolubles de nuestra identidad nacional.  Recientemente la UNAM y el Gobierno de Guanajuato anunciaron la edificación de un nuevo Campus Universitario en la ciudad de León. Un Complejo principalmente académico, con perspectiva regional pero de alcances internacionales y que a decir de su Rector José Narro Robles, podría ser replicable en otras entidades del País.

Por ello, y a 100 años de su Fundación, ahora en el marco del Bicentenario, es importante hacer un alto en el camino y hacer un esfuerzo colectivo para fortalecer   a la UNAM. Es necesario fortalecerla para hacerla inmune a los intereses políticos,  partidistas, corporativos y clientelares que frecuentemente buscan socavar la independencia y la autonomía de instituciones como éstas. Hay que apostar e invertir fuerte en el desarrollo de los docentes, en una mayor profesionalización de sus institutos de investigación y en la generación de incentivos para convertirla en una institución con niveles aun más altos de excelencia. La apuesta es, como en 1910, por el futuro de México y por el de cientos de miles de jóvenes universitarios quienes mediante el conocimiento, pueden y deber ser agentes del cambio en nuestro país.  ¡Felicidades UNAM!

Artículo publicado el pasado 19 de junio en Milenio Diario, estado de México

Entre los candidatos que representan a la Alianza PAN-PRD-Convergencia en los respectivos procesos electorales de 2010, el caso de Xóchitl Gálvez en Hidalgo sobresale por múltiples factores. Se trata de una personalidad política y empresarial de gran relevancia que encarna los mejores valores, ideales y sueños de toda una generación de mexicanos. Son precisamente esos ideales los que hoy hacen posible que en Hidalgo se dé por fin una genuina alternancia democrática.

Foto:milenio.com | Xóchitl Gálvez

De origen humilde y ascendencia otomí, Xóchitl aprendió desde muy pequeña que el esfuerzo propio era la única forma de labrarse un futuro promisorio y de mejorar las condiciones de vida de su familia y su comunidad. A base de sacrificios, no sólo terminó con gran éxito sus estudios en la UNAM sino que se convirtió en una exitosa empresaria en el ramo tecnológico. En esta calidad, se ha hecho merecedora de reconocimientos muy importantes a nivel nacional e internacional. Sin embargo, lejos de dedicarse exclusivamente a una actividad privada, Xóchitl emprendió una cruzada social contra la pobreza y la marginación en la que viven muchas comunidades indígenas. Desde 1997 preside la prestigiosa Fundación Porvenir y se convirtió en la primera titular de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas creada durante la administración del Presidente Fox.

Xóchitl no tiene una afiliación partidista y por ello rompe el esquema tradicional de los políticos mexicanos. Ha vivido en carne propia la pobreza, la marginación y el rezago que siguen sufriendo un gran número de hidalguenses. Ha padecido también la violencia de género, uno de los problemas más acuciantes de la sociedad hidalguense. Pero más aún, ha tenido la oportunidad de experimentar en su vida el poder transformador de la educación y la satisfacción que brinda el trabajo social y comunitario. Lamentablemente, en la política mexicana este tipo de historias personales siguen siendo unas cuantas. De ahí que su candidatura adquiera un interés mucho más profundo que el eminentemente electoral.

En efecto, todo parece indicar que Xóchitl va a convertirse en la séptima gobernadora en la historia de México. Pero lo más importante es que sólo una personalidad como la suya es capaz de convocar a un equipo de funcionarios talentosos y honestos quienes, sin distingos por su afiliación partidista, tendrán el cometido de sacar a Hidalgo de lo que ha sido un histórico letargo en distintos rubros. Xóchitl no sólo podría romper el caciquismo que se vive en esa entidad sino que sería una promotora incansable del desarrollo social, de la igualdad de oportunidades y, por supuesto, de la educación como motor fundamental para la superación de la pobreza.

Naturalmente, el gobierno del estado y el priísmo local no se han quedado de brazos cruzados. Ambos han emprendido una campaña de desprestigio y difamación, una auténtica guerra sucia que sólo demuestra el miedo que tienen a la Alianza y, por tanto, el pánico que les provoca perder los privilegios y ventajas que han obtenido indebidamente en el servicio público.

Funcionarios del gobierno del estado de Hidalgo, la han venido acosando profiriendo una serie de desafortunados comentarios sexistas en distintas declaraciones. En enero, de manera misteriosa, prácticamente todos los ejemplares de la edición local de Milenio fueron comprados a primera hora de la mañana en Pachuca justo cuando entre sus páginas aparecía una encuesta que daba cuenta de su impresionante crecimiento electoral. Incluso, la propia candidata ha señalado que algunos pendones de su Fundación, colocados en importantes vialidades de la ciudad hidalguense, han sido retirados sin explicación alguna. Sin embargo, lo más grave en este momento de la contienda es la falta de apertura en los medios de comunicación locales. La intervención del gobierno del estado es evidente cuando el Sistema Estatal de Medios de Comunicación comenzó a dar un trato preferente en medios de comunicación a otros precandidatos, notablemente menos competitivos, para encabezar la Alianza opositora. En un programa de televisión local, Xóchitl Gálvez fue permanentemente ignorada y denostada por una conductora descortés e irrespetuosa quien con su actitud dejó entrever que seguía instrucciones. Es probable que esta lamentable situación se dé en otros medios locales sobretodo ahora que Xóchitl es candidata de la Alianza opositora.  Por ello, corresponde a las instituciones electorales vigilar por la aplicación del principio de la equidad de género en las campañas y a los actores políticos nacionales hacer de este tema un eje fundamental para próximas modificaciones a la ley electoral.

Mientras tanto, esa es otra muestra de la desesperación del priísmo local, un indicador más de que un futuro distinto para Hidalgo es posible y un aliciente adicional para Xóchitl Galvez, una mujer que sabe como lidiar con la adversidad.

Artículo publicado el pasado 24 de abril en Milenio Diario, estado de México

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