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Durante la pasada XXI Reunión de Embajadores y Cónsules en la Ciudad de México, el presidente Felipe Calderón pidió a los más de cien representantes de México en adscripciones consulares y diplomáticas alrededor del mundo informar con veracidad sobre lo que ocurre en nuestro país y, con ello, contribuir al mejoramiento de la imagen de México en el exterior. Con sobrada razón, el Presidente instó a distinguir donde están las discrepancias políticas y donde el interés superior de la República al admitir que si bien “se vale disentir y se vale criticar, también se vale hablar bien de México”.
En respuesta a esta petición, el cuerpo diplomático mexicano ha decidido emprender una campaña global para revertir la imagen de violencia que nuestro país mantiene, por ejemplo, en los medios de comunicación y la opinión pública de algunos países. Se trata, afirmaron algunos miembros del Servicio Exterior Mexicano, de contextualizar la situación de nuestro país y de impedir que el sensacionalismo se apodere de la información que circula sobre México en Estados Unidos y algunos países europeos principalmente. “México” como afirmó nuestro embajador en España Jorge Zermeño, “es mucho más que noticias sobre inseguridad”.
Sin duda, la lucha contra el crimen organizado ha traído un reconocimiento mundial a la determinación del Presidente Calderón por no dar tregua al narcotráfico. Esto ha supuesto, sin embargo, que algunos medios de comunicación en el extranjero se sientan atraídos por este tema y reporten muy poco sobre otros. De ahí la importancia de ofrecer más elementos de análisis a la comunidad internacional a fin de que entienda cabalmente el momento por el que pasa nuestro país. Por supuesto que la situación es difícil y eso no puede ni debe pasar inadvertido en la prensa global. Pero lo que tampoco debe pasar inadvertido es la información que acredita el éxito de nuestra política contra el crimen organizado y el hecho de que, como afirmara el Secretario de Seguridad Pública, nuestro país cuenta con la capacidad tecnológica y humana para terminar de desmantelar las bandas criminales y los carteles de la droga. En ese terreno, los representantes de México en el exterior además podrían informar sobre los avances en la estrategia de seguridad del gobierno federal, sobre el número de detenciones, de extradiciones, de aseguramiento de drogas, dinero y armas, entre muchos otros factores que permitan distinguir una visión mucho más equilibrada sobre este tema.
Más importante aún, la información sobre la situación de los derechos humanos en nuestro país puede también efectuar un cambio sustancial en términos de nuestra imagen en el exterior. Frente a las violaciones a los derechos humanos que aún se registran debe añadirse información valiosa sobre la situación institucional de México en la materia. En México, contamos con instituciones y con legislación suficientes para investigar y castigar abusos. Tenemos un Programa Nacional de Derechos Humanos y una Comisión Nacional que trabajan para que esto ocurra y para edificar una cultura generalizada de respeto y promoción de los derechos humanos. En palabras de la Secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, “una atmósfera de ejercicio pleno de la seguridad ciudadana es una atmósfera que permitirá también el ejercicio pleno de los derechos humanos”. Y eso también ha sigo marginalizado en buena parte de la información publicada en medios internacionales.
En general, 2009 fue un año excepcionalmente difícil en muchos terrenos incluido el de seguridad, el económico, el de salud y algunos otros. En todos estos frentes, nuestro país ha venido haciendo esfuerzos notables para hacerles frente y superarlos. Por eso, vale la pena sumarnos todos a esta convocatoria que ha lanzado el Presidente Calderón. Desde nuestras respectivas trincheras políticas o profesionales hay que comunicar con veracidad, especialmente en el extranjero, sobre todo lo que ocurre en nuestro país con una visión equilibrada y responsable, sin exageraciones ni tintes catastrofistas.
Al Gobierno por supuesto que toca hacer su parte. Lanzar una campaña de Diplomacia Pública que atraiga inversiones, turistas, empresarios, estudiantes, científicos y artistas. Informar con oportunidad y dar cuenta del fracaso rotundo de los pronósticos que a principios de 2009 hablaban de un Estado fallido. Seguir trabajando para ofrecer resultados sólidos y concretos en estos rubros.
Frente al Bicentenario de la Independencia a celebrarse en septiembre próximo, cambiar la imagen de México en el exterior es una tarea prioritaria pero es una tarea de todos los mexicanos.
P.D. Haití atraviesa por una tragedia sin precedentes. Nuestros hermanos haitianos necesitan toda nuestra ayuda y generosidad. No escatimemos en ayudar a este entrañable país y pueblo amigo durante lo que es quizá la peor desgracia en décadas. La Embajada de Haití en México que funciona como centro de acopio está en Presa San Martín 53, Colonia Irrigación, Delegación Miguel Hidalgo, entre Cervantes Saavedra y Ejército Nacional en la Ciudad de México, teléfono: (0155) 5557 2065 y 5580 2487; o en el centro de acopio oficial más cercano a tu comunidad.
Artículo publicado el pasado 16 de enero en Milenio Diario, Estado de México
La nominación e inminente ratificación de Sonia Sotomayor como jueza de la Suprema Corte de los Estados Unidos es un signo alentador para todos quienes creemos en el liderazgo de las mujeres y las personas de origen latino en las más altas posiciones decisorias del planeta. Sotomayor, hija de puertorriqueños de humilde condición en el Bronx neoyorkino, se convertirá en la primera persona de origen latino, y apenas en la tercera mujer, que llega a esa posición.
Pero el camino no ha sido fácil. Con base en el trabajo duro y la perseverancia de su familia, combatiendo la diabetes que le fue diagnosticada al cumplir ocho años, la muerte de su padre a los nueve y la pobreza que le rodeó desde aún más pequeña, Sonia se graduó con honores en Princeton, culminó su formación en Yale y se convirtió en una brillante jueza de distrito -la primera de origen latino- en Manhattan. Tal y como lo recordó el propio presidente Barack Obama durante su designación, su nombramiento demuestra que “no importan los orígenes que uno tenga o los desafíos que la vida te presente”. No obstante, su historia personal está llena de episodios en los que tuvo que sobreponerse a señalamientos racistas, clasistas y machistas. Y actualmente, precisamente días antes de su posible confirmación en el cargo máximo para un jurista estadounidense, sigue recibiendo lamentables señalamientos de este tipo.
A pesar de que Sotomayor ha cosechado buen número de apoyos, en principio los suficientes para asegurar su confirmación, ha tenido que responder a numerosos ataques. Con declaraciones sacadas de contexto y a partir de un famoso caso de discriminación positiva y acciones afirmativas en New Haven sobre el que emitió sentencia se le ha acusado de racista. Durante las audiencias de confirmación, unos cuantos legisladores estadounidenses atacaron a Sotomayor por pertenecer a grupos como el Fondo Puertorriqueño para la Defensa Legal y la Educación –como si defender derechos civiles fuera indebido- y cuestionaron, con nula evidencia, su capacidad para ser equitativa y objetiva en controversias raciales. Y es que, en el fondo, los detractores de Sotomayor no han entendido el valor y la importancia de las acciones afirmativas. En países como Estados Unidos, donde la segregación racial fue una realidad generalizada en buena parte del siglo XX, las acciones afirmativas siguen siendo muy importantes. En general, una acción afirmativa tiene el propósito de establecer medidas que den a un grupo que históricamente ha sufrido discriminación, cierto trato preferencial en el acceso a ciertos servicios, recursos y oportunidades con el objeto de compensarles e incorporarles de lleno en un proceso de reducción de las desigualdades.
Pero el nombramiento de Sonia Sotomayor no es solamente una acción afirmativa. Es el reconocimiento de que personas provenientes de minorías históricamente discriminadas pueden ser tan capaces y estar tan preparadas como el resto para desempeñar un altísimo cargo público. Es además el reconocimiento a las múltiples contribuciones y al peso específico que tiene la comunidad latina en los Estados Unidos. Una comunidad que crece, que se educa y que aporta cada vez más al desarrollo de ese país. Es también una comunidad que con Sotomayor, Hilda Solís, Linda Sánchez, Antonio Villaraigosa, Arturo Valenzuela, entre otros, están cambiando el rostro de la inmigración latina y haciendo sentir su relevancia sobretodo en el ámbito público bajo la actual administración estadounidense.
Su dominio del derecho estadounidense, la solidez de su carrera judicial, su capacidad para responder a preguntas complejas así como su sinceridad y seguridad para abordar cuestionamientos incómodos sorprendió a demócratas y republicanos durante las audiencias de confirmación.
Según estimaciones periodísticas, Sonia Sotomayor será confirmada de manera abrumadora, la próxima semana, por el Congreso estadounidense. Son buenas noticias para la comunidad latina en Estados Unidos, para la defensa de los derechos humanos de las minorías en el mundo, para la lucha de las mujeres por asegurar la equidad de género y eventualmente para nuestro país puesto que no es un secreto su postura crítica con respecto a la portación y tránsito de armas en la Unión Americana.
Artículo publicado el pasado 25 de julio de 2009 en Milenio EdoMéx
El pasado 8 de julio, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense celebró lo que denominan audiencias de confirmación a fin de ratificar dos nombramientos gubernamentales de enorme relevancia para México. Se trata de dos personalidades de origen hispano que, en buena medida, instrumentarán la nueva política estadounidense hacia la región y, desde luego, hacia nuestro país. Me refiero al Dr. Arturo Valenzuela, nuevo Secretario de Estado adjunto para América Latina, y al Dr. Carlos Pascual, confirmado en el cargo de Embajador de Estados Unidos en México.
Arturo Valenzuela es un destacado académico de las Universidades de Duke y Georgetown en Estados Unidos donde se ha especializado en política latinoamericana y consolidación de procesos democráticos. Pascual, por su parte, es un talentoso diplomático educado en las universidades de Stanford y Harvard que se ha especializado en asuntos euroasiáticos y asistencia a países en transición política, especialmente en Europa del Este. Fue también director del respetado Brookings Institution, y junto con Valenzuela, uno de los principales asesores del entonces candidato Obama en asuntos internacionales.
Ambos demostraron, durante esta comparecencia, un notable interés por transformar muchos de los elementos que durante la pasada administración del ex presidente Bush impedían una relación de cooperación estrecha entre Estados Unidos y América Latina. Durante su intervención, Valenzuela se refirió a la necesidad de fortalecer las instituciones democráticas en América Latina como un medio para garantizar su estabilidad política y crecimiento económico. Planteó que el caso de Honduras es muy grave no sólo por la deposición del presidente Zelaya sino por el conflicto político que supone y el reto que entraña para la comunidad internacional. La fragilidad institucional de muchos de los países latinoamericanos –sostuvo- demanda una acción colectiva del hemisferio para defender la democracia no sólo frente a situaciones como la de Honduras sino frente a otras donde el estado de derecho y el respeto a las Constituciones y los derechos humanos se violentan en la región. Añadió que la democracia es vulnerada también cuando las mayorías alteran las instituciones y los procedimientos constitucionales, por lo que Estados Unidos -en clara referencia al chavismo- deberá estar vigilante de que la crítica o la oposición pacífica a un gobierno no se criminalice.
Habló además de una asociación pragmática, equitativa y respetuosa con los países latinoamericanos que les asista a emprender reformas estructurales a fin de mejorar la educación y abatir la desigualdad, dos rubros que son fundamentales para preservar la paz en el hemisferio.
Esa nueva postura, de interés por lo que ocurre en América Latina, y de fuerte voluntad política para asumir los retos compartidos en múltiples rubros fue respaldada por el Embajador Carlos Pascual durante la misma sesión. “Una nueva era de cooperación y asociación construida en la responsabilidad, el respeto y el interés mutuo” fue su definición sobre la nueva política estadounidense en México a la que prometió imprimirle creatividad y energía sin precedentes.
Ante los senadores estadounidenses, Pascual ubicó como un tema prioritario la recuperación de la economía mexicana y advirtió que Estados Unidos debe trabajar de cerca con nuestro país y con Canadá para generar una estrategia conjunta de creación de empleos y convertir a Norteamérica en la región más competitiva del mundo en materia de oferta de bienes, servicios y tecnología.
Por supuesto, se refirió al crimen organizado y al narcotráfico que requiere de un enfoque bilateral e incluso global para hacerle frente. Reconoció –y esto no es poca cosa- que Estados Unidos es el mayor consumidor de drogas y el mayor proveedor de armas en la región. Dijo que esas armas y el dinero que pagan los consumidores de drogas, en manos de los criminales, amenazan a México pero también a Estados Unidos, y especialmente a sus jóvenes, por lo que precisó que es necesario apoyar al presidente Calderón a parar este “reclutamiento de jóvenes sin esperanza, sin familia, sin oportunidades, futuro, creencias y convicciones”. De ahí que se pronunciara por incrementar los montos de cooperación que el Congreso estadounidense ha venido autorizando para fortalecer programas en materia de seguridad y justicia en México.
En un mensaje de franqueza y responsabilidad sin precedentes, el Dr. Pascual mencionó que Estados Unidos debe hacer más para combatir al crimen organizado y mejorar nuestra cooperación económica, energética y política.
Sin embargo, y a pesar de que señaló la gran importancia que tiene la comunidad latina en Estados Unidos, Pascual no abordó un tema acuciante en nuestra relación bilateral: la migración. Más aún, preocupa la manera en que apenas lo esbozó cuando afirma que la recesión económica en México podría aumentar el flujo de migrantes indocumentados en Estados Unidos. Y es que la realidad de más de 12 millones de trabajadores sin documentos –la mayoría mexicanos- en ese país exige cada vez con mayor urgencia una definición política clara de la nueva administración estadounidense sobre una reforma migratoria integral. Ojala esta ausencia en la intervención del Embajador Pascual no sea indicativa de un impasse en esta materia, en la que históricamente los demócratas han hecho aportaciones muy relevantes.
Artículo publicado el pasado 11 de julio de 2009 en Milenio Diario EdoMéx
El domingo pasado, un país centroamericano llamó la atención del mundo entero. Su presidente, José Manuel Zelaya, fue expulsado por un comando militar dando cumplimiento -según manifestaron ambas partes- a una orden emitida por la Suprema Corte. Acto seguido, su Congreso celebró una sesión especial en donde, por unanimidad, incluidos los legisladores del partido gobernante, se aprobó un Decreto mediante el cual se le separó del cargo y se nombró en su lugar a Roberto Micheletti Baín, hasta entonces Presidente del Congreso. Micheletti gobernaría, según el Decreto, hasta enero de 2010 cuando está contemplada una sucesión presidencial a partir de los resultados de los comicios que están previstos para celebrarse en noviembre próximo.
Un golpe de Estado, con toque de queda y suspensión de garantías individuales, que no augura nada bueno para la construcción democrática de Honduras pero que tampoco es un golpe convencional como los que estábamos acostumbrados a observar en nuestra región en las décadas de los años setenta y ochenta. De hecho, es un golpe más a la frágil institucionalidad democrática de ese país como los que ha venido sufriendo en los últimos años. Un golpe inaceptable, en efecto, pero que ha seguido a otros que el propio Zelaya, convertido ahora en líder populista, le venía propinando a Honduras y sobre los cuales la comunidad internacional prácticamente no se pronunció.
En julio de 2008, el Fondo Monetario Internacional anunció que Honduras estaba muy cerca de ser completamente incapaz para alimentar a su propia población e invitó a la comunidad internacional a proveerle ayuda de manera urgente. Algunas semanas antes, las principales empresas transnacionales anunciaron su decisión de “no invertir un peso más en Honduras” como respuesta a la inflación, las pérdidas económicas generadas por el gobierno y las alzas locales en los precios de los alimentos y los combustibles. En este contexto, Zelaya decidió ingresar a Honduras a la “Alternativa Bolivariana para las Américas” y, con ello, irritó a amplios sectores de la sociedad de ese país quienes se oponían a esa decisión. Junto a otras decisiones que terminaron por dividir a la sociedad hondureña, Zelaya se fue quedando prácticamente solo en una serie de proyectos políticos. El más importante de ellos era, sin duda, su reelección. Cuatro días antes de su detención, Zelaya destituyó al jefe del estado mayor de las fuerzas armadas quien se negó a distribuir más de 15 mil urnas –la denominada cuarta urna- para que los ciudadanos depositaran precisamente el domingo un voto a favor de establecer una Asamblea Constituyente, que reemplazaría de facto al Congreso, y que reformaría la Constitución para otorgarle a Zelaya cuatro años más en el poder.
El jefe del estado mayor y el ministro de Defensa se negaron a apoyar a Zelaya en la organización de este referéndum surgido del recetario político bolivariano, toda vez que existía una orden judicial mediante la cual las fuerzas armadas debían mantenerse al margen de esa consulta que el Tribunal Supremo Electoral y la Suprema Corte de Justicia habían rechazado y considerado ilegal con base en el artículo 374 de la Constitución Hondureña que prohíbe modificar el principio de no reelección presidencial.
El rechazo que en la comunidad internacional ha suscitado este golpe es comprensible. De ninguna manera es justificable la interrupción de las normas legales y constitucionales de sucesión en el poder. Hay que condenar el golpe porque su existencia supone que una democracia no cuenta con mecanismos perfectamente legales para deponer a un líder autoritario y claramente antidemocrático.
En cambio, lo que es incomprensible, es que no se reitere con suficiente ahínco la necesidad de que sean los hondureños y solamente ellos, sin intervención extranjera de ningún tipo – sobre todo después de que el presidente Chávez amenaza con “derrocar” a Micheletti- quienes deben decidir sobre el futuro de su país. Es incomprensible también que solamente en casos como éste se haga referencia a la Carta Democrática Interamericana –cuando también entraña principios importantes que han sido vulnerados en múltiples ocasiones en distintos países de la región, especialmente por los regímenes autoritarios de algunos países del ALBA, encabezados por notables ex golpistas en Centro y Sudamérica. Pero lo que resulta aún menos comprensible es que sea hasta ahora, y no cuando el país presentaba los primeros rasgos de un deterioro político y económico sin precedentes, cuando la comunidad internacional y los organismos internacionales voltean la mirada hacia Honduras.
La visión de la solución también tiende a ser reduccionista en muchos aspectos. Prácticamente todos los actores internacionales se manifiestan por la restitución de Zelaya en la presidencia hondureña. Como si solo eso resolviera lo que es una gravísima crisis política entre los poderes constituidos. Es indispensable, por tanto, hacer un llamado a la concordia entre poderes, al diálogo, la no violencia y la protección de los derechos humanos. A respaldar un proceso de paz y reconciliación que pasa por apoyar la celebración de elecciones transparentes y por brindar la más amplia cooperación internacional para, sin vulnerar la soberanía de ese país, consolidar la solidez de sus instituciones.
Será condición indispensable que la Organización de Estados Americanos lejos de amenazar mediante un ultimátum con expulsar a Honduras –paradójicamente semanas después de aprobar la readmisión de Cuba- adopte el rol que le corresponde como mediador y facilitador de soluciones duraderas a conflictos complejos.
Artículo publicado el pasado 4 de julio en Milenio Diario, EdoMéx
Pocos personajes han sido tan injustamente relegados en la historiografía del siglo XX mexicano como Gilberto Bosques Saldívar. Este hombre, nacido en la comunidad de Chiautla, en el estado de Puebla, en 1892 fue un importante profesor, legislador, revolucionario, periodista, escritor y probablemente uno de los diplomáticos mexicanos más importantes del siglo pasado. Bosques comenzó una trayectoria política apoyando el movimiento maderista en su natal Puebla. Posteriormente, como legislador local y federal, Bosques fue pionero en la defensa de la reelección legislativa y un importante crítico, desde el Congreso, de los Tratados de Bucareli que Obregón signó con Estados Unidos y que condicionaban el reconocimiento estadounidense a la no retroactividad del artículo 27 constitucional sobretodo en materia petrolera. Bosques fue también un brillante periodista, director del diario El Nacional y un destacado profesor universitario. 
Sin embargo, fue en la arena diplomática donde su trabajo adquirió una dimensión sumamente relevante y donde se convirtió, sin duda, en uno de los principales artífices de la política exterior mexicana de la posguerra. De hecho una de sus primeras misiones diplomáticas le llenaría de gloria tanto a él como a México. En efecto, hace exactamente 70 años, el presidente Lázaro Cárdenas nombró a Bosques como Cónsul General de México en Marsella donde permaneció desde 1939 y hasta 1942. Fue en Marsella donde Bosques pudo concretar con el régimen colaboracionista de Vichy el convenio franco – mexicano mediante el cual el gobierno pro nazi de Pétain se comprometía a entregarle a los refugiados españoles residentes en territorio francés. Así y mediante la emisión de visas mexicanas, Bosques auspició la salida a México de más de 40 mil perseguidos del nazismo no sólo españoles sino también judíos así como franceses, austriacos, alemanes, polacos, húngaros y muchos otros. De hecho, el Consulado de México en Marsella rentó dos castillos, el de Reynarde y el de Montgrand, a fin de concentrar ahí a los refugiados previo su envío a nuestro país.
Por recomendación de Bosques, México rompe relaciones diplomáticas con el Eje y le declara la guerra en mayo de 1942. Poco tiempo después, Gilberto Bosques junto con su familia y decenas de diplomáticos de otros países –quienes también emitieron visas para salvar miles de vidas y con quienes formó una auténtica red diplomática de salvación de perseguidos-fueron capturados por los nazis y recluidos como prisioneros de guerra en la localidad alemanda de Bad Godesberg, cerca de la ciudad de Bonn.
Entre muchos otros, hombres y mujeres como el pintor Wolfang Paalen, el historiador Friedrich Katz, la científica Marietta Blau, el promotor cultural Walter Gruen, el escritor Max Aub y miles de personas más salvaron la vida, vinieron a México y dejaron aquí un legado humano e intelectual de enorme valía gracias a las visas que emitió.
Después de un regreso triunfal a México en abril de 1944 –alzado en hombros por cientos de judíos y españoles quienes colaboró a salvar-, Bosques explicó en uno de sus múltiples ensayos: “Hice la política de mi país, de ayuda, de apoyo material y moral a los heroicos defensores de la República Española, a los esforzados paladines de la lucha contra Hitler, Mussolini, Franco, Pétain y Laval”.
Tras la guerra, Bosques fue designado Embajador de México en Portugal, donde también consiguió refugiar españoles que huían del régimen franquista, posteriormente en Suecia, donde montó una de las más grandes exposiciones culturales de México en el extranjero, y finalmente en Cuba, donde protegió tanto a los simpatizantes de la revolución durante el régimen previo al castrismo como a quienes luego serían perseguidos políticos de la revolución.
Pero Bosques era además de un patriota, un auténtico demócrata. Por once años Embajador en Cuba, Bosques renuncia en 1964 a su encargo y al Servicio Exterior Mexicano. Para él, Gustavo Díaz Ordaz, entonces candidato del PRI a la Presidencia y seguro sucesor del presidente López Mateos, no era un demócrata.
Desde luego, la memoria de este gran mexicano ha sido objeto de una serie de homenajes internacionales como aquel que en junio de 2003 llevó al gobierno austriaco a colocar su nombre a una de las calles del distrito 22 de Viena. En México, sin embargo, hace falta insistir en la relevancia de este ilustre mexicano como ejemplo de honor, humanismo y amor a la patria. De ahí que, en el contexto de los 70 años del nombramiento de Bosques al frente del consulado en Marsella, el Museo Histórico Judío y del Holocausto de la Ciudad de México presentará su exposición fotográfica “Gilberto Bosques: un hombre de todos los tiempos” en el Senado de la República del 27 al 30 de abril próximo. La exposición consta de más de 100 fotografías y documentos que ilustran distintos momentos de la vida y el legado del Schindler mexicano.
Artículo publicado el 12 de abril del 2009 en Milenio – EdoMéx






