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La crisis financiera que desde los Estados Unidos impacta al mundo ha sido determinante para el retorno a México de miles de connacionales que trabajaban  con documentos o sin ellos en la Unión Americana. Sin embargo, también ha sido la causa primordial para identificar un nuevo perfil de esta migración. Tradicionalmente, la migración mexicana a Estados Unidos ha estado relacionada con la mano de obra poco calificada, principalmente agrícola y en el sector de la construcción. Sin embargo, la crisis ha dejado sin trabajo a muchos de ellos y ha generado mayores incentivos para otro tipo de vacantes.

Foto: vivirmexico.com

Para muestra basta revisar los datos que la Universidad Autónoma del Estado de México ha divulgado recientemente sobre nuestros migrantes en los Estados Unidos. Según el investigador Juan Gabino González Becerrill, el retorno no ha sido tan grande como se esperaba toda vez que el migrante se ha adaptado a las nuevas condiciones de crisis y, en consecuencia, ha incursionado en nuevos sectores de la actividad productiva ya sea con una baja o alta calificación profesional. Por ejemplo, muchos de ellos que perdieron sus empleos en la industria de la construcción se han organizado y actualmente se desempeñan en el sector servicios, especialmente en el ramo restaurantero. En ese sentido la migración mexiquense no se ha detenido y, como afirma González Becerrill, incluso ha aumentado toda vez que, con base en cifras oficiales, durante la administración de Enrique Peña Nieto aproximadamente 150 mil mexiquenses han salido de sus hogares en Amatepec, Coatepec Harinas, Tejupilco, Tonatico, Tlatlaya y Zacualpan, entre muchos otros, para buscar mejores oportunidades en los Estados Unidos.

Otros, sin embargo, se están marchando cada vez en mayores volúmenes bajo condiciones totalmente distintas.  La Secretaría del Trabajo en el Estado de México, por ejemplo, informó recientemente que se encuentra diseñando e implementando programas para enviar a otras entidades de la República o al extranjero mano de obra calificada que no encuentra aquí oportunidades laborales de relevancia. Con un índice de desempleo mayor a la media nacional alcanzando ya el 5% el Estado de México está exportando buena parte de su capital humano. Trabajadores provenientes de todo tipo de industrias, personal calificado en distintos rubros y cada vez más profesionistas consiguen migrar a otros países y principalmente a los Estados Unidos. De 2005 a 2008, advirtió el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, aumentó en un 50%, el número de mexicano residentes en ese país con alta escolaridad rebasando ya los 450 mil. Indudablemente muchos de ellos no desempeñan labores profesionales o especializadas sino que aceptan prácticamente cualquier clase de trabajo así sea bajo la lógica del subempleo. Los menos consiguen desenvolverse profesionalmente en áreas que requieren de una alta calificación académica y laboral. Sin embargo todos, sin excepción, están poniendo su talento y creatividad, su trabajo duro y empeñoso, sus mayores o menores habilidades, para el desarrollo de un país distinto al suyo.

De ahí la preocupación por lo que se ha venido denominando “fuga de cerebros”. Aunque contribuyen notablemente al prestigio de su país de nacimiento, los talentos en el exterior no siempre cuentan con el apoyo o los incentivos necesarios para su regreso. Eso, por supuesto, no es culpa suya sino de los gobiernos que son incapaces de generar la infraestructura y las reformas económicas necesarias para retenerlos o para beneficiarse de los conocimientos y las habilidades que muchos de ellos adquirieron fuera. Y es que la fuga de cerebros no es un fenómeno negativo siempre y cuando el Estado haga esfuerzos importantes para facilitar su regreso o su vinculación con el desarrollo nacional.

Un tema fundamental tiene que ser aumentar los recursos que se otorgan al desarrollo tecnológico y la investigación científica en nuestro país. No es un secreto que investigadores mexicanos de gran prestigio se sienten poco o nada motivados para trabajar en un país que destina tan pocos recursos y políticas a la ciencia. Esa fue una de las conclusiones principales a la que un grupo de científicos reunidos en la Academia Mexicana de Ciencias llegó en junio de 2009. Además, recomendaron un programa de repatriación y retención de científicos e investigadores mexicanos así como la generación de proyectos encaminados a aumentar la masa crítica de académicos en nuestro país.

Desde luego que es imposible e indeseable detener los procesos migratorios que no solo ocurren en Norteamérica sino en el resto del mundo. Muchos de ellos obedecen a circunstancias estructurales muy lejos de ser transformadas en el corto y mediano plazo. Pero los políticos necesitamos hacer mucho más para generar mejores condiciones en materia de competitividad, empleo, educación y desarrollo económico, científico y tecnológico. La fuga de talentos es un fenómeno que, en nuestras actuales circunstancias, deberíamos buscar activamente aminorar. Ese debe ser un esfuerzo nacional pero también un esfuerzo focalizado en las demarcaciones que presentan niveles crecientes de estas nuevas variantes de migración como el Estado de México donde la pobreza, la desigualdad y la escasez de oportunidades son el pan de cada día.

Artículo publicado el pasado 31 de octubre en Milenio Diario, EdoMéx

Foto: www.elcorreo.ca

Históricamente Canadá se ha definido como un país abierto a la inmigración, como una sociedad multicultural y pluriétnica que valora, reconoce y sabe incorporar el aporte económico y cultural de los distintos pueblos del mundo. Esa actitud convirtió a Canadá en una potencia global cuya presencia en el mundo hizo resaltar aún más sus valores de tolerancia, diversidad y pluralismo al distinguirse de las políticas restrictivas, proteccionistas y anti-inmigrantes de muchos otros países, especialmente de los Estados Unidos. Por supuesto las relaciones con México, desde su establecimiento formal hace 65 años, fueron emblemáticas en este rubro hasta la decisión- unilateral e intempestiva- que tomaron las autoridades canadienses para imponer un visado a los ciudadanos mexicanos y checos que quieran visitar ese país.

El ministro de ciudadanía, inmigración y multiculturalismo del gobierno canadiense, Jason Kenney, anunció la medida con apenas unos días de antelación de que entrara en vigor el pasado 13 de julio. En adelante, los mexicanos que deseen visitar Canadá deberán someterse a una dura revisión de documentos que, según cada caso, podrían ser hasta estados de cuenta bancarios, cartas de antecedentes no penales y exámenes médicos traducidos al inglés o francés, entre algunos otros. Según las autoridades canadienses, la visa se impuso como respuesta a la multiplicación reciente de solicitudes de refugio que mexicanos en Canadá han venido presentando y de las cuales la mayoría fueron juzgadas falsas mientras sólo una proporción muy menor (11%) terminó admitiéndose.

Sin dejar de reconocer que es una decisión soberana, con ella Canadá se apartó radicalmente de su postura histórica y tradicional favorable a la inmigración además de que afectó severamente los planes, proyectos y actividades que realizan miles de mexicanos en ese país. Previsiblemente, la Embajada canadiense en México ha visto rebasada su capacidad para atender a una gran cantidad de mexicanos que se han dado cita en sus instalaciones para completar este trámite –en pleno periodo vacacional- y quienes con mucha razón han manifestado su inconformidad por este procedimiento que ya ha ocasionado que muchos de ellos pierdan sus vuelos. 

Peor aún, se afectó la espléndida relación de confianza, diálogo y cooperación entre nuestros Gobiernos, nuestras entidades sociales, empresariales, turísticas, académicas, científicas y culturales. De entrada, se ha dicho que esto no afectará otros flujos pero no queda claro, por ejemplo, cual será el impacto de esta medida sobre el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales que existe entre ambos países, o sobre otros programas de intercambio universitario y científico que dan sustento a nuestra relación bilateral y que son ejemplos muy exitosos a nivel regional y global sobre gestión migratoria. En cualquier caso, la afectación económica puede ser muy alta tan sólo en el rubro turístico. De acuerdo con el presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles Rafael Armendáriz, durante este verano la medida pone en riesgo los viajes de más de 266 mil mexicanos quienes, en promedio, dejarían una derrama económica en Canadá de aproximadamente 270 millones de dólares canadienses.

En contraste, las autoridades mexicanas recientemente anunciaron la facilitación de trámites de visa para turistas chinos, rusos, indios y brasileños por lo que sería indeseable establecer, en reciprocidad, una visa para canadienses que, por si solos, representan el 16% del turismo internacional que visita nuestro país. Esa medida sólo agravaría el problema.

De no resolverse antes, este tema deberá ser prioritario para abordarse durante la próxima Reunión Cumbre de Líderes de América del Norte a desarrollarse en la ciudad de Guadalajara durante el próximo mes de agosto. Y es que esta medida va en la dirección opuesta a la propia integración de la región norteamericana que resulta indispensable fortalecer por razones de seguridad, competitividad y desarrollo compartido.

Por supuesto, la nueva visa no tendrá el efecto deseado sobre la reducción de solicitudes de refugio. De hecho, son dos procesos completamente distintos y diferenciados por lo que las autoridades canadienses habrían podido elegir otro mecanismo para atajar el problema. Podrían haber restringido el acceso de mexicanos a sus políticas de refugio y asilo o, en definitiva, establecer sanciones a quienes abusaran de esta vía para la legalización de su residencia. Pero establecer una visa ha acarreado grandes inconvenientes. El gobierno mexicano ha anunciado ya su decisión de establecer visas a funcionarios y diplomáticos que visiten nuestro país como respuesta a la decisión canadiense. Además, toda vez que la visa también afectará a ciudadanos checos visitando Canadá, la República Checa ya ha actuado en consecuencia y además de establecer una visa para diplomáticos canadienses y retirar a su Embajador en Ottawa ha pedido a la presidencia sueca de la Unión Europea homologar esta política migratoria que le impediría a los turistas canadienses ingresar a cualquiera de los países miembros de los Acuerdos de Schengen sin el visado correspondiente. Por ello, y a la luz de estas inconveniencias, sería deseable que pudiera replantearse esta determinación.

Finalmente, y no menos importante, este hecho pone en duda los alcances de la globalización en la que estamos inmersos. El retroceso que representa esta decisión del gobierno canadiense, debe hacernos reflexionar sobre los alcances de este proceso que se advertía consolidado y que, en cambio, parece severamente amenazado.

Artículo publicado el pasado 18 de julio de 2009 en Milenio Diario EdoMéx

En fechas recientes el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, destacó que durante el último trimestre de 2008, el estado de México perdió 11 mil empleos a causa de la crisis global. Aseguró, además, que a pesar de esta pérdida, el Estado de México se mantiene como una de las entidades del país que ha resentido menos la merma de empleos con respecto al promedio nacional. Al inaugurar la semana pasada el parque industrial Prologis en Cuautitlán Izcalli, el gobernador enfatizó la importancia que tiene la inversión pública y privada en distintos sectores productivos no sólo para mantener el empleo sino para evitar el desfase inminente en la construcción de obras en el estado tales como el Viaducto Bicentenario o la licitación y construcción de nuevas líneas del tren suburbano.

Departamento de empleo en el Ayuntamiento en Toluca. Fuente: www.trespm.com.mx

Departamento municipal de empleo del Ayuntamiento de Toluca. www.trespm.com.mx

Sin embargo, con apego a cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el país alcanzó en enero una tasa de desocupación del 5% de la Población Económicamente Activa y el Estado de México registró durante el ultimo cuatrimestre de 2008 una tasa de desocupación similar del 5.13%. De hecho, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo correspondientes al trimestre octubre-diciembre de 2008, el Estado de México destaca como una de las entidades que registraron mayores tasas de desocupación.

Más aún, según datos dados a conocer en enero pasado por el ex secretario del trabajo estatal, Ignacio Rubí, se proyecta para este año la pérdida de 120 mil empleos lo que derivaría en una fluctuación de la tasa de desempleo entre el 6 y el 7% durante este primer semestre de 2009 en nuestra entidad.

A estas cifras dramáticas, aunque frías, sobre el triste desempeño de la economía del estado en la materia, habría que agregar el verdadero drama que viven los mexiquenses buscando trabajo sin encontrarlo, subempleándose o desempeñándose en un empleo informal y pocas veces legal.

Además, habría que agregar el pobre desempeño de la economía estatal en un indicador crucial para determinar el grado de dinamismo de la industria y los servicios y su capacidad de generación de empleos. Me refiero al Índice Mexicano de Competitividad Estatal 2008 del Instituto Mexicano para la Competitividad que ubica al Estado de México en la posición 25 de las 32 entidades federativas.

De esa urgente necesidad surge la decisión del Congreso de destinar aproximadamente 13 mil millones de pesos al Estado de México en 2009 como parte del Programa Nacional de Infraestructura lo cual proviene, de hecho, del Presupuesto más alto que el Congreso haya destinado históricamente a nuestro Estado.

Así surge también la firma del Acuerdo Mexiquense para la Protección de la Planta Productiva y el Empleo que, sin embargo, está constituido fundamentalmente por políticas de corte paternalista y limitado alcance como la creación de 37 mil empleos temporales en mejora de calles, construcción de aulas, entre otros. El gobernador también anunció otras medidas para incentivar el establecimiento de empresas en la entidad y otorgar apoyos a algunos microempresarios.

En esta línea de políticas se ubica también la distribución de más de medio millón de despensas entre personas de escasos recursos así como la extensión del Programa de Seguridad Alimentaria que entrega una canasta nutricional a familias cuyo ingreso es inferior a 20 pesos diarios.

Para promover el empleo y enfrentar la crisis –que por supuesto no tiene origen en México sino en manejos irresponsables de la economía estadounidense y global- no basta con políticas que, de manera tangencial, aborden el problema sino trazando objetivos de largo plazo que, por ejemplo, estimulen una educación de calidad, aseguren un manejo sustentable del medio ambiente en las actividades productivas, exploten con eficacia sectores económicos con potencial de desarrollo, e inviertan en la innovación tecnológica y la creación de capital intelectual.

En consonancia con esta exigencia, los senadores de la República estaremos ocupándonos de legislar a partir de las conclusiones más relevantes del foro ¿Qué hacer para crecer? a fin de otorgar mayores facultades a los órganos de regulación económica, modificar las leyes de ciencia y tecnología para incentivar su desarrollo, generar una legislación que fomente el crédito, el ahorro y el desarrollo de infraestructura así como efectuar mejoras sustanciales en beneficio de una educación pública de calidad, el adelanto del sector turístico y la simplificación administrativa para atraer mayores flujos de inversión.

Estas reformas tendrán un impacto moderadamente positivo sobre el empleo en nuestra entidad. Sin embargo, han de complementarse con políticas estatales y municipales que, sin asistencialismo ni paliativos, promuevan la competitividad y el desarrollo humano sustentable.

Artículo publicado en Milenio-Diario del EDOMEX, el domingo 1º de marzo del 2009