You are currently browsing the tag archive for the ‘Congreso de la Unión’ tag.

Foto: la informacion.mx
En la historia de la migración laboral entre México y Estados Unidos, el Programa Bracero ocupa un lugar muy destacado. Se trató del programa de trabajadores agrícolas más importante entre ambos países mediante el cual, entre 1942 y 1964, prácticamente 5 millones de mexicanos trabajaron el campo en los Estados Unidos durante un periodo determinado. Durante ese tiempo, los braceros no sólo hicieron una contribución extraordinaria al desarrollo del agro estadounidense sino que enviaron remesas que les permitieron mejorar la calidad de vida de sus familias.
El programa, que desde entonces ya reconocía la existencia y pujanza de un mercado laboral binacional, contemplaba la retención, por parte del gobierno estadounidense, de alrededor del 10% del salario de los trabajadores mexicanos con el objetivo de conformar un fondo de ahorro para el retiro. De manera injustificada esos recursos, si bien fueron entregados al gobierno mexicano para que éste a su vez los entregara a los trabajadores al regresar a México, nunca llegaron a manos de quienes trabajaron tanto para obtenerlos. Después de una larga lucha para recuperarlos, en 2005 se creó el Fondo de Apoyo Social para ex trabajadores migratorios mexicanos. A partir de entonces se asumió el reto, luego de la autorización respectiva de los recursos por parte del Congreso, de entregar un apoyo de 38 mil pesos a cada uno de las personas que participaron en el Programa Bracero así como a sus viudas o hijos en los casos en que los beneficiarios hayan fallecido.
Entre 2006 y 2011 se hicieron los pagos a 85 mil ex braceros y sus familias. No obstante, restaban alrededor de 108 mil beneficiarios pendientes que exigían el pago de este monto y, por ende, de lo que por décadas el Estado mexicano se negó a reembolsar. Felizmente, hace algunos días el Presidente Felipe Calderón anunció que se cuenta con los recursos para saldar, en el curso de este año 2012, esta deuda histórica con todos ellos. De esta manera, a través de un pago en efectivo o de un depósito a una cuenta bancaria, todos los ex braceros que no recibían aún su dinero podrán contar con él de manera gratuita y sin gestión alguna de intermediación. Se trata de un acto de justicia elemental para honrar la palabra empeñada de esta administración, y del Congreso de la Unión en su conjunto.
Artículo publicado el pasado 10 de marzo en Milenio Diario, estado de México

Gráfico: oelnu.org
Este es precisamente el título de la campaña que ONUSIDA, con la colaboración de otras instituciones, ha lanzado para comunicar el ambicioso objetivo que aspira a reducir a cero los nuevos casos de infección por el VIH-SIDA, la discriminación así como las muertes relacionadas con esta pandemia. Se trata de un esfuerzo de difusión sin precedentes que, en el contexto del Día Mundial contra el VIH-SIDA, contribuirá enormemente al compromiso asumido por la comunidad internacional en junio pasado durante la Reunión de Alto Nivel sobre el SIDA de la Asamblea General de la ONU. En aquel momento se recordó que en 2011 se cumplen 30 años del descubrimiento del SIDA y que, en ese lapso, esta pandemia se había cobrado alrededor de 25 millones de vidas y el sufrimiento de más de 60 millones de víctimas. Más aún se informó que, a diario, 7 mil personas se infectan con el virus de los cuales mil son niños. Peor aún, las deficiencias institucionales y la escasa financiación de programas en grandes regiones geográficas del planeta han hecho que por cada persona que inicia el tratamiento, dos contraigan la infección. Con todo, el Informe presentado por el secretario general intitulado Unidos por el acceso universal: hacia el logro de cero nuevos casos de infección por el VIH, cero discriminaciones y cero muertes relacionadas con el SIDA subraya la forma en que la tasa mundial de nuevos casos de infección disminuye, el acceso al tratamiento especializado aumenta y la manera en que, en general, el mundo ha venido haciendo progresos importantes en lo que se denomina la reducción de la transmisión materno-infantil. Y es precisamente de este diagnóstico de donde surge este compromiso político de gran envergadura para vencer al SIDA y concretamente para lograr, en 2015, el acceso universal a la prevención, el tratamiento, y la atención al VIH, uno de los elementos fundamentales de las Metas del Milenio.
En México esta declaración con compromisos claros a nivel global se ha convertido en un eje rector de nuestra política de salud. Si bien aún tenemos mucho por hacer, desde 2007 a la fecha México ha invertido prácticamente 8 mil millones de pesos para la compra de medicamentos antirretrovirales para los pacientes que viven con VIH/SIDA y carecen de seguridad social. Esto no sólo es muy superior a la media mundial sino que es superior a la meta establecida en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Por otro lado, el número de pacientes que recibieron tratamiento especializado se incrementó exponencialmente al pasar de 20 mil en 2007 a prácticamente 50 mil en 2011. Pero si hay una asignatura pendiente en nuestro país en la prevención y combate al SIDA, ésta tiene que ver más bien con su dimensión estatal y local. El estado de México, por ejemplo, ocupa el segundo lugar a nivel nacional en el número de casos de VIH por su altísima tasa de incidencia. Y esto ha venido afectando especialmente a las comunidades más marginadas en algunos de sus municipios más deprimidos económicamente o bien los más poblados. Ya son más de 8 mil quinientos muertos en la entidad desde hace 24 años y la tasa de infección sigue presentando cifras escandalosas. Es hora de hacer conciencia sobre este hecho y emprender una cruzada contra el SIDA en el estado de México, especialmente en Netzahualcóyotl, Ecatepec, Tlalnepantla, Naucalpan, Cuautitlán y Toluca. En definitiva, una campaña informativa de gran calado, en el contexto de estos esfuerzos globales puede hacer la diferencia. Pero se requiere también de un compromiso mayor para apoyar a las víctimas y respaldar la labor de trabajadores sociales, personal médico, y todos quienes día a día se enfrentan a la letalidad de esta monstruosa enfermedad. Avanzar hacia una generación sin VIH tiene que ser una prioridad de todos y esto exige un deber mayor para los estados que presentan el mayor atraso en la realización de este objetivo.
Artículo publicado el pasado 3 de diciembre en Milenio Diario, estado de México
En mi calidad de Senadora de la República y junto al diputado local Gustavo Parra, el día de ayer tuve el honor de presentar mi Informe de Resultados por la labor legislativa realizada durante el primer año de la LXI Legislatura del Congreso de la Unión.
Este ejercicio tiene que ver directamente con el deber que todos los servidores públicos y representantes populares tenemos de informar debidamente a la población sobre el trabajo realizado. Sin embargo, implica también un ejercicio de transparencia y rendición de cuentas que contribuye a forjar un vínculo directo y de contacto permanente entre la ciudadanía y los legisladores.
En el caso del Estado de México, que represento en el Senado de la República, es urgente que se extienda esta práctica tan importante para combatir la opacidad, la corrupción y el abuso que, desafortunadamente, se registra en los distintos niveles de gobierno.
Por ello es también una oportunidad extraordinaria para divulgar información valiosa sobre los asuntos públicos en nuestra demarcación, y una ocasión espléndida para dotar a la ciudadanía de herramientas de juicio que les permitan tomar decisiones electorales informadas y responsables.
Los informes anuales, antes que un rito o ceremonia política a la vieja usanza, son momentos clave para establecer una amplia conversación con los distintos sectores de la sociedad mexiquense. Suponen la posibilidad de acercarse, dialogar, entender y comenzar a articular soluciones para los problemas que aquejan a los mexiquenses. Ese fue precisamente el ánimo que me llevó a reunirme, las últimas semanas, con miles de personas, grupos sociales, empresariales, culturales, académicos y religiosos.
La representación de los mexiquenses es, sin duda, una gran responsabilidad. Las necesidades de nuestra demarcación son a tal grado apremiantes que requieren de esfuerzos individuales y colectivos de gran envergadura. Como vecina, durante la mayor parte de mi vida, del municipio de Naucalpan, no soy de ninguna manera ajena a las necesidades de empleo, educación, salud, transporte de calidad, seguridad y desarrollo de nuestro municipio.
He procurado, con honestidad y sensibilidad, poner el acento en aquellas iniciativas que, ya sea desde el gobierno federal o desde el grupo parlamentario del PAN, han venido contribuyendo a mejorar el nivel de vida de los mexiquenses en distintos rubros.
Con mucha satisfacción informé que gracias a una favorable interlocución con el gobierno federal, logramos que se aprobara el presupuesto más alto en la historia para el gobierno del estado y sus 125 municipios.
Con ello se facilitó no sólo un mayor acceso a la salud pública y de
calidad –por ejemplo con la construcción del hospital de alta especialidad Bicentenario en Tultitlán- sino una mejora sustancial del transporte público en la entidad con la construcción del Tren Suburbano Tlalnepantla-Cuautitlán, y de la seguridad pública municipal con un aumento importante en los subsidios para patrullas y policías. También, conseguimos la construcción del Túnel Emisor Oriente para evitar inundaciones, el desarrollo de nuevas vialidades metropolitanas y la puesta en marcha de una nueva red de estancias infantiles para las madres trabajadoras.
Por otro lado, trabajamos duro en el exhorto al gobierno del estado de México para eliminar el cobro del impuesto a la tenencia vehicular así como solicitar al Gobierno Federal aumentos importantes en el Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) para las familias afectadas por las devastadoras inundaciones que sufrimos hace algunos meses.
Hemos seguido de cerca la gestión del gobierno mexiquense y hemos sido críticos con las prioridades de gasto de la administración. En ese sentido, impulsamos diversas obras públicas de infraestructura como la edificación de más hospitales, la construcción y mantenimiento de nuevos emisores pluviales así como la creación y ampliación de rutas para el tren suburbano –concretamente extenderlas a las regiones de Huehuetoca, Amecameca y Tecámac, así como la creación de una nueva ruta Naucalpan- Toluca.
Desde luego, esto no es suficiente. Por ello me he propuesto seguir trabajando, en este nuevo periodo legislativo que comienza, a favor de los derechos de los grupos vulnerables en nuestro estado (adultos mayores, mujeres, niñas y niños), de la eliminación de los injustos cobros de peaje en vías públicas transitadas diariamente por cientos de miles de mexiquenses, por tarifas justas para estudiantes y adultos mayores, por penas más severas a los delincuentes y a los funcionarios públicos negligentes así como por una mejor utilización del presupuesto del estado. Continuaremos vigilando de cerca, por supuesto, la poco transparente gestión de la actual alcaldesa de Naucalpan.
Sin duda, es mucho lo que falta por hacer. Vivimos en un estado con bajos índices de desarrollo, salud y educación así como altos índices de pobreza, desempleo e inseguridad como resultado de gobiernos estatales y municipales deshonestos e ineficientes.
Por ello, es hora de sumar esfuerzos y multiplicar voluntades. De la mano de la administración del Presidente Felipe Calderón seguiremos trabajando por un país mejor y un estado de México más próspero y con mejores oportunidades de desarrollo para todos. En ese contexto, vale la pena analizar con seriedad, generosidad y patriotismo, una alianza electoral que, en 2011, traiga por fin la alternancia democrática al gobierno del estado.
Artículo publicado el pasado 28 de agosto en Milenio Diario, estado de México
La semana pasada el Senado de la República aprobó lo que puede llegar a ser, una vez que la Cámara de Diputados y la mayoría de las Legislaturas locales haga lo propio, una reforma histórica. En efecto, la reforma constitucional en materia de derechos humanos representa una de esas transformaciones de gran calado cuya trascendencia abarca rubros fundamentales de la vida nacional. Después de un largo proceso de deliberación legislativa, esta reforma representa un avance conceptual gracias a la cual, por primera vez en nuestra historia, la protección de los derechos humanos se convierte en un eje rector de nuestra Carta Magna.
La sola inclusión del término, en el artículo primero de nuestra Constitución, da cuenta del nivel del compromiso que el Estado Mexicano está adquiriendo con los derechos humanos consagrados en los múltiples tratados internacionales de los que somos parte. Bajo los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad, el Estado mexicano tendrá la obligación constitucional de prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos que se registren en el territorio nacional. Además, se plasma en la Constitución un catálogo de derechos que, bajo ninguna circunstancia, podrán restringirse ni suspenderse en caso de decretarse estado de excepción. Se trata de los derechos a la no discriminación, a la vida, la integridad personal, la protección de la familia, los derechos del niño, los derechos políticos, la libertad religiosa, de pensamiento y conciencia, entre muchos otros. Por primera vez, además, se establece de manera literal la prohibición de la pena de muerte, la esclavitud, la tortura y la desaparición forzada de personas.
En consonancia con lo que la mayoría de las democracias del mundo han venido estableciendo en su respectiva legislación, la reforma dispone además de la creación de mecanismos que impedirán cualquier retroceso o involución en esta materia. De esta forma, se prohíbe la celebración de cualquier tratado o convenio internacional en virtud del cual se vulneren los derechos humanos, se establece el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos como principio normativo de nuestra política exterior y se establece la obligación de todo servidor público para responder a las recomendaciones que les hagan los organismos públicos de defensa de los derechos humanos.
En este sentido, la reforma también establece mecanismos para fortalecer y ampliar las facultades de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Además de establecer que la elección de su titular se ajustará a un proceso transparente de consulta pública, se otorga a la CNDH la facultad para investigar violaciones graves a los derechos humanos. Esta facultad de investigación la llevará a cabo sin que ninguna autoridad pueda negarle la información que requiera. Desde luego, la propia Comisión podrá presentar las denuncias civiles o penales a que haya lugar ante la autoridad competente.
Más aún, la reforma estará transformando algunas disposiciones constitucionales que, por anacrónicas, era urgente modificar. Es el caso del artículo 33 mediante el cual nunca más un extranjero podrá ser expulsado del territorio nacional sin que se celebre antes un procedimiento administrativo que les reconozca plenamente los derechos humanos y las garantías individuales que la Constitución establece para todos.
La reforma también aborda uno de los temas más complejos en la promoción de los derechos humanos. Me refiero al imperativo de consolidar una cultura del respeto a los derechos humanos, asunto que comienza necesariamente por la educación. De ahí que la reforma establezca que la educación en nuestro país deberá incluir a los derechos humanos, a fin de que una nueva generación de mexicanos tenga un conocimiento básico sobre ellos.
En suma, los derechos humanos serán no sólo conceptos ante los cuales todos tenemos un compromiso abstracto. Con esta reforma constitucional, los derechos humanos serán derechos plenamente exigibles ante la autoridad y principios rectores del quehacer público. Serán obligaciones permanentes para el diseño e implementación de políticas públicas y un bagaje normativo que llevará a México a asumir este compromiso allende nuestras fronteras. Por ello, nunca más podrá argumentarse que el principio constitucional de no intervención impide o restringe el activismo internacional de México en materia de derechos humanos.
De acuerdo con organizaciones internacionales como Human Rights Watch, la aprobación de estas reformas representa una base legal sólida para que los compromisos asumidos por el Estado a través de tratados internacionales se armonicen en nuestro derecho interno. Desde luego hace falta un esfuerzo complementario en esta dirección mismo que, gracias a la nueva Ley sobre celebración y aprobación de Tratados que el Senado aprobó esta semana, comenzará a hacerse de manera sistemática. Será necesario también hacer una armonización de los contenidos de la reforma en las constituciones locales de los Estados de la República para hacerlos plenamente ejecutables.
La aprobación de esta reforma es una demostración de que, en las condiciones actuales, es posible entrar a la discusión de los grandes temas nacionales. Además, es la demostración de que los temas centrales de la reforma del Estado suscita consensos mucho mayores de lo que imaginamos. El segundo tema es, sin duda, la reforma política sobre la que es necesario redoblar esfuerzos para su pronta aprobación.
Artículo publicado el pasado 17 de abril, en Milenio Diario stado de México
Uno de los capítulos más dolorosos en la historia contemporánea ha sido la persecución y el asesinato sistemático de aproximadamente seis millones de judíos, hombres, mujeres, niños y ancianos, a manos del régimen nazi y sus colaboradores. Además del funesto antisemitismo, la ideología nazi dio origen a una política de eliminación de todas las razas que, contrario a la raza aria, eran consideradas como inferiores o impuras. A las muertes judías, se unieron las de millones de integrantes de otros grupos étnicos, religiosos y políticos durante la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que aproximadamente cinco millones de gitanos, discapacitados, prisioneros de guerra, fundamentalmente soviéticos, homosexuales, testigos de Jehová, polacos, rumanos, entre otros, fueron asesinados o murieron como consecuencia de las condiciones deplorables en que se les recluyó en numerosos campos de trabajo forzado y esclavitud.

Emb. Gilberto Bosques, "Un hombre de todos los tiempos" Museo Judío y del holocausto en México - Senado de la República - Abril 2009
Todos ellos fueron víctimas de actos atroces que evocan lo que hoy llamamos el Holocausto o la Shoah en su acepción hebraica. Ambas voces tienen un origen etimológico común: la noción de quemado o pasado por fuego en alusión a las cámaras de gas y los hornos crematorios donde los cadáveres eran incinerados. La crueldad y la barbarie con que esta política fue instrumentada sigue asombrando al mundo entero y dando origen a millares de obras históricas, literarias, pictóricas y cinematográficas intentando no sólo explicar esta tragedia sino refrescar la memoria a las nuevas generaciones para impedir un evento semejante. Y es que, como afirmaba el gran escritor judío italiano Primo Levi, “nuestro lenguaje no cuenta con suficientes palabras para expresar la ofensa que hemos recibido, es decir, la destrucción del hombre”.
En efecto, el genocidio judío mediante la denominada “solución final” ha dejado una huella imposible de borrar en la conciencia histórica de la humanidad. De ahí que la Organización de las Naciones Unidas decidiera preservar el legado de los sobrevivientes del Holocausto mediante una conmemoración internacional que año tras año, el 27 de enero, recuerda la liberación en 1945 de Auschwitz- Birkenau, el campo de exterminio más emblemático del régimen nazi. Mediante la resolución 60/7 de noviembre de 2005, la Asamblea General de la ONU insta a los estados miembros a elaborar programas educativos “que inculquen a las futuras generaciones las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro” así como ayudar a “rechazar toda negación, ya sea parcial o total, del Holocausto como hecho histórico”. La resolución, adicionalmente, hace hincapié en aprovechar esta conmemoración para emitir un enérgico rechazo a todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación, acoso o violencia. De ahí que el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, afirmara que el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto es también “el día en que debemos reafirmar nuestra adhesión a los derechos humanos”.
Por supuesto que ésta es una oportunidad muy importante para reafirmar la vigencia y pertinencia de las múltiples lecciones del Holocausto. En primer lugar, la necesidad de identificar y atajar de lleno las expresiones de odio, xenofobia e intolerancia que, de suyo, son incompatibles con las sociedades abiertas y democráticas a las que aspiramos al menos en el mundo occidental. En distintos puntos del planeta, hay líderes políticos irresponsables, populistas y extremistas que se arman de agendas y discursos políticos de animadversión hacia una raza, una religión, una etnia o un grupo social determinado. Es tarea de todos los regímenes democráticos detener este tipo de expresiones y hacer uso de la única intolerancia permisible, me refiero a la que se ejerce contra la intolerancia misma. La política del apaciguamiento probó su ineficacia y su ceguera cuando Neville Chamberlain toleró y dejo pasar la intervención alemana en la Guerra Civil española, la anexión nazi de Austria y otras graves violaciones al Tratado de Versalles.
En segundo lugar, la urgencia de extender los alcances de la justicia internacional y el respeto a los derechos humanos ahí donde aún hay rezagos severos en estas materias. Esto incluye prevenir e impedir nuevos genocidios como los que desafortunadamente se registraron, después del Holocausto, en Ruanda, Cambodia, Sudán, Burundi, Uganda, la ex Yugoslavia, entre otros. El Siglo de los Genocidios, dijo Bernard Bruneteau, refiriéndose al siglo XX, tuvo que ver con “la puesta en escena de un enemigo total y bárbaro, objeto así de todos los odios, representación alucinada de atrocidades” que originó “sucesos de violencia extrema y muerte en masa”. El siglo XXI puede llegar a ser, en cambio, el siglo de la justicia y la reconciliación para muchas de estas sociedades.
En este contexto, el Senado de la República tuvo el acierto de organizar, en el marco de la Conmemoración anual por las víctimas del Holocausto, un Homenaje al Schindler mexicano, don Gilberto Bosques Saldívar. Bosques, cónsul general de México en Francia de 1939 a 1942, quién auspició la salida a México de más de 40 mil perseguidos del nazismo. Son individuos excepcionales como el quienes nos recuerdan que, aún en las peores condiciones, hay espacio para el humanismo, la solidaridad y la fraternidad.
Artículo publicado el pasado 30 de enero en Milenio Diario del Estado de México












