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El Alcalde de Los Ángeles, (California) Antonio Villaraigosa y la Senadora Adriana González Carrillo
El pasado 25 de marzo, una delegación plural de Senadores de la República visitamos Sacramento, y Los Ángeles, a fin de continuar con un diálogo de la mayor relevancia emprendido en septiembre del año pasado. Fue entonces cuando el Presidente de la Asamblea de California, el demócrata John Pérez visitó nuestro país encabezando una Delegación de líderes legislativos de este estado de la Unión Americana. Desde aquella primera ocasión quedó clara la enorme relevancia estratégica de los vínculos entre México y California. Por un lado, se trata de una intensa relación comercial en donde ambos somos mercados prioritarios de un intercambio que el año pasado alcanzó un máximo histórico de poco menos de 60 mil millones de dólares. Por el otro, se trata del estado de la Unión Americana que concentra la mayor población de origen mexicano en ese país, así como el mayor número de indocumentados mexicanos -prácticamente 3 millones de personas-. Pero, más importante aún, se trata del estado que está haciendo la diferencia en un contexto nacional donde las deportaciones, la legislación xenofóbica y las acciones antimexicanas están a la orden del día. Durante la visita que hicimos este lunes, pudimos entrevistarnos no sólo con nuestro anfitrión y un grupo muy distinguido de integrantes de la Asamblea de California sino también con el Presidente del Senado, Darrel Steinberg, y el Gobernador de California, Jerry Brown, así como con grandes liderazgos del Caucus Latino en el Congreso, especialmente con su presidente Ricardo Lara, así como con el Senador Kevin de León y el Senador Gilbert Cedillo, autor de la denominada California Dream Act. Durante todas estas reuniones, reconocimos el liderazgo político de California a favor de un enfoque pragmático y constructivo frente al fenómeno migratorio -becas a inmigrantes en lugar de deportaciones y detenciones arbitrarias- e insistimos en la importancia de redoblar esfuerzos en la difusión de la contribución que hacen al desarrollo económico y social de los Estados Unidos.
No obstante, a pesar de los magníficos resultados de este diálogo parlamentario con autoridades e integrantes de la legislatura local, hubo una reunión que nos asombró a todos. Me refiero a la que sostuvimos con la agrupación Cien Amigos, asociación pionera compuesta por 100 líderes comunitarios independientes del norte de California. Aunque inició sus actividades en 2010 -en el marco de las celebraciones del Bicentenario- el grupo colabora intensamente con el Consulado en proyectos que impactan el bienestar de la comunidad mexicana y mexicoamericana en la región. En poco tiempo han construido una oferta amplísima de servicios de información, promoción educativa, capacitación laboral, intercambio cultural. Por ejemplo, junto con el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, han lanzado el programa Cien Amigos-IME Becas mediante el cual se ofrecen becas universitarias, para preparatoria y para educación de adultos destinadas a personas de escasos recursos de la comunidad latina y de origen mexicano en California. Con estas iniciativas, y la aprobación de la denominada Dream Act, California se consolida como socio estratégico y amigo de México de primera línea. Corresponde a México actuar en consecuencia y apostarle fuerte a reforzar estos vínculos con California. Pero también respaldar iniciativas como la de Cien Amigos que se distinguen por su frescura, su creatividad y su gran apetito por sembrar la semilla del empoderamiento de los mexicanos en Estados Unidos.
Artículo publicado el pasado 31 de marzo en Milenio Diario, estado de México

Foto: mexico.cnn.com
El próximo 2 de abril en Washington, los Presidentes Calderón y Obama se reunirán junto con el primer ministro canadiense Harper para celebrar la Cumbre Trilateral de Líderes de América del Norte. Originalmente la Cumbre estaba prevista para tener lugar el pasado 13 de noviembre de 2011 pero, debido al lamentable fallecimiento del entonces Secretario de Gobernación José Francisco Blake Mora, tuvo que ser pospuesta. Sin duda, es encomiable el esfuerzo que las tres partes han invertido para finalmente celebrar esta reunión que por muchas razones es sumamente especial.
En primer lugar, es prácticamente el relanzamiento de este mecanismo que se establecería en marzo de 2005 en el contexto de la denominada entonces Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte. La celebración de esta cumbre era prácticamente anual hasta el 2009 cuando se celebró la última reunión en Guadalajara, Jalisco. El contexto político en los Estados Unidos dejó ser favorable a estos encuentros y los temas propios de la integración norteamericana comenzaron a perder terreno frente a otras prioridades de política exterior de los tres países involucrados. Felizmente esta Cumbre se reanuda y, con ella, una agenda de de enorme relevancia para la competitividad y el bienestar de nuestras sociedades. En segundo lugar, se trata de la primera reunión de esta naturaleza que se enmarca en un contexto más amplio. Se trata de una agenda que se centrará sobretodo en la competitividad económica y la sustentabilidad de la región de América del Norte frente a otras regiones del mundo. Esto no solo por ser un tema de la mayor relevancia en el contexto de la próxima Cumbre del Grupo de los 20 que auspiciará México en junio sino porque se trata probablemente del tema más importante en la agenda trilateral. Queda claro que, como se advertía ya en 2005, hace falta imaginar mecanismos de cooperación que posicionen mejor a la región norteamericana frente al resto del mundo especialmente en el contexto actual de crisis financiera y dinamismo económico en Asia. Como afirma Robert Pastor, estos encuentros sirven además al propósito de sensibilizar a la población de los tres países a favor de “la idea de Norteamérica”. Para Pastor es necesario que, en lugar de competir uno contra otro para ganar acceso a los mercados asiáticos, y especialmente los integrados en distintos esquemas de cooperación del Pacífico, los tres países adopten una visión de competitividad continental y compitan juntos frente a China. Más aún, dice Pastor en su obra más reciente, los tres gobiernos podrían diseñar un mercado integrado y eliminar un impuesto caro e ineficaz basado en las reglas de origen. Podrían además abocarse a construir un Fondo de Infraestructura Norteamericana para reducir la brecha de ingresos que separa a México de sus vecinos y en definitiva lanzar un ambicioso conjunto de proyectos de cooperación trilateral.
En tercer lugar, tanto el relanzamiento de la Cumbre como el replanteamiento temático de la misma como una oportunidad para avanzar en la agenda de cooperación y de competitividad común abren nuevas posibilidades para abordar temas cruciales para el futuro de la región desde una perspectiva trilateral. Un botón de muestra lo constituye la Primera Cumbre de Defensa de América del Norte, a realizarse en Canadá este 26 de marzo próximo, y en la que participan los titulares de la Defensa y la Marina de México con sus homólogos de Estados Unidos y Canadá. Sin duda, se augura con ello un mejor futuro para la agenda norteamericana, un cúmulo de ideas nuevas para otorgarle contenidos distintos así como la proyección de nuevos mecanismos de cooperación. Por parafrasear a Pastor, incluso en la era de la globalización, la proximidad geográfica ayuda y tenemos frente a nuestros ojos la prueba fehaciente de su enorme potencial.
Artículo publicado el pasado 24 de marzo en Milenio Diario, estado de México
Foto: zacatecashoy.com | Firma de Acuerdo México - Estado Unidos relativo a Yacimientos Transfronterizos de Hidrocarburos en el Golfo de México
La semana pasada, los gobiernos de México y Estados Unidos firmaron un Tratado Internacional de la mayor relevancia para la explotación equitativa de los yacimientos transfronterizos en el Golfo de México. Se trata de un logro extraordinario para la política exterior de México y de una reivindicación que abanderó un gran mexicano en el Congreso de la Unión. Fue en 1996 cuando el entonces Senador panista José Ángel Conchello denunció que empresas estadounidenses habían comenzado la exploración y explotación de petróleo en aguas internacionales del Golfo de México. Denunció, además, que mediante el denominado “efecto popote” los Estados Unidos podrían ser capaces de extraer recursos petroleros ubicados allende su mar patrimonial que, en principio, debían estar compartiendo con nuestro país. Después de arduas negociaciones y a partir del compromiso que los Presidentes Calderón y Obama asumieron al respecto en mayo de 2010, ambos gobiernos suscribieron este acuerdo que deja atrás prácticamente década y media en la que no había reglas claras y certeza jurídica. Una vez que el Senado de la República lo ratifique, el Tratado establecerá procedimientos y normas para la extracción justa, responsable, y eficiente del petróleo que subyace en el subsuelo de la frontera marítima entre ambos países. A partir de entonces, México aprovechará los recursos petroleros a los que siempre tuvo derecho y propiciará inversiones conjuntas entre Petróleos Mexicanos y las compañías petroleras estadounidenses para un aprovechamiento mutuo y equitativo de los mismos.
El acuerdo contempla un procedimiento vinculante mediante el cual cualquiera de las partes tiene la obligación de informar a la otra sobre la presencia de hidrocarburos en la zona fronteriza. De lo que se trata, en el fondo, es que cada país explote el petróleo y el gas natural que le corresponde ahí donde los yacimientos de ambos países se entrelazan. En caso de duda o falta de acuerdo, el Tratado establece un mecanismo sólido de solución de controversias con la participación de expertos independientes. Por ello, es un acuerdo que viene a fortalecer la seguridad energética de ambos países, aumentar los ingresos públicos de manera sustancial -al utilizar estos recursos que venían enfrentando restricciones a su explotación y al reducir los costos de estas operaciones- y a robustecer a PEMEX que adquirirá experiencia y tecnología de punta en su esfuerzo incesante por convertirse en una empresa petrolera de clase mundial.
Como lo sostuvo el Presidente Calderón este acuerdo, más que ningún otro, satisface el doble compromiso de, por un lado, ejercer a plenitud nuestra soberanía sobre este recurso estratégico y, por el otro, construir una política exterior que se traduzca en beneficios directos a la sociedad. La derrama de desarrollo y crecimiento que este acuerdo generará apenas puede vislumbrarse así como las múltiples implicaciones positivas que tendrá para incrementar la competitividad y la integración regional en el plano energético. Sin duda, toca ahora el turno al Senado de la República para examinarlo y en su caso aprobarlo en el corto o mediano plazo. Tenemos un compromiso con el desarrollo del país y esta es una forma idónea de honrarlo.
El pasado jueves, el Senado de la República aprobó el Acuerdo de Integración Comercial entre México y Perú. Con visión de Estado y compromiso con el crecimiento económico de nuestro país los Senadores y Senadoras de la República, haciendo a un lado intereses particulares que tenían secuestrada su aprobación, determinamos que en el interés supremo de la Nación está la apertura de nuevos mercados para nuestros exportadores y la generación de nuevas oportunidades de inversión. Desde luego que los méritos económicos del Acuerdo son sumamente relevantes. Perú es un aliado estratégico con una economía pujante –tan sólo el año pasado creció 9%- que de ninguna manera puede ser considerado una amenaza para la economía nacional. Más aún, las expectativas de crecimiento de las exportaciones mexicanas es que se tripliquen después de cinco años lo cual, según estimaciones de la Secretaría de Economía, terminará generando más de 40 mil empleos, mejores precios para los productores y los consumidores mexicanos así como una derrama económica de enorme importancia para distintos sectores de la actividad económica. Por si esto fuera poco, la negociación entre los gobiernos de ambos países contempló el establecimiento de medidas domésticas para fortalecer a los sectores potencialmente sensibles –concretamente al agropecuario- a fin de fortalecer sus capacidades productivas y ayudarlos a enfrentar exitosamente la apertura comercial.
Pero hay objetivos de la estrategia comercial de México así como consideraciones de política exterior que hacían aún más imprescindible la aprobación del acuerdo. Me refiero, por un lado, a la diversificación comercial para nuestras exportaciones y, por el otro, al liderazgo de México en la región latinoamericana. Generaciones de diplomáticos mexicanos han venido insistiendo por décadas en la necesidad de diversificar nuestro comercio internacional a fin de reducir la dependencia hacia la economía estadounidense y, en cierta medida, en aumentar el flujo comercial con América Latina, una región que reprocha la concentración de nuestros vínculos económicos en Norteamérica. No habría sido congruente, por lo tanto, rechazar un instrumento que nos permite dar pasos sólidos en ambas direcciones.
Adicionalmente, se habría mermado considerablemente el objetivo de convertir a México en un principal promotor de la integración latinoamericana como herramienta para competir exitosamente en el plano comercial y político frente a otras regiones del mundo. Es el caso, por ejemplo, del liderazgo de México en la Alianza del Pacífico que mantenemos con Perú, Chile, Colombia y Panamá con el objetivo de constituir un bloque comercial con gran proyección hacia la región de Asia Pacífico así como de nuestro activismo a favor del denominado Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica en el que ambos países tenemos un enorme interés. Por si fuera poco, México y Perú compartimos una historia común que se remonta a la prehispanidad y al desarrollo de las culturas más avanzadas de su tiempo en este continente. Somos herederos de una larga tradición de intercambios que comenzaron a rendir frutos algunos años después de nuestros respectivos procesos de independencia y que hoy se consolidan con una visión de futuro. Quizá no haya mejor manera de honrar lo que pronto serán casi 190 años de relaciones diplomáticas ininterrumpidas entre México y Perú que la entrada en vigor de este Acuerdo basado en la complementariedad de nuestras economías, un sólido compromiso con el bienestar de nuestros pueblos y un modelo de integración con rostro humanista.

- Foto: ibtimes.com | Firma del Acuerdo Comercial México – Perú
Artículo publicado el pasado 17 de diciembre en Milenio Diario, estado de México

Foto: http://www.senado.gob.mx/comisiones/LX/relextamericanorte | Foto Oficial de XVIII Interparlamentaria México-Canadá
Este lunes arrancan, en Ottawa, los trabajos de la XVIII Reunión Interparlamentaria México – Canadá. Se trata de una oportunidad extraordinaria para compartir puntos de vista sobre la manera de relanzar una relación que desde 2009 ha enfrentado algunas dificultades. Desde que en julio de 2009 se estableció el requisito de visa a los mexicanos que viajan a Canadá, las relaciones bilaterales se han afectado sensiblemente. Lo que solía ser una relación de cooperación modelo en términos de su profundidad y madurez, se convirtió en poco tiempo en una relación distante y plagada de obstáculos. Sin embargo, ha habido un esfuerzo importante de ambos gobiernos, de las sociedades de ambos países y también de nuestros respectivos Poderes Legislativos para reconceptualizar muchos de nuestros problemas y comunicar la importancia de colocar nuestra relación al nivel de su verdadero potencial. En este esfuerzo se enmarca precisamente esta Reunión Interparlamentaria que se da, además, en un contexto peculiar. Se trata de la primera Reunión que legisladores de ambos países sostenemos después de una transformación radical de la configuración política de ese país luego de las elecciones de principios de año. El gobierno conservador salió fortalecido, al igual que una nueva fuerza política de pensamiento socialdemócrata, y se verificó un cambio generacional sin precedentes. Después de mucho tiempo, la Cámara de los Comunes tiene un nuevo speaker –Andrew Scheer del Partido Conservador- y en definitiva corresponde al Congreso Mexicano acercarse a los nuevos tomadores de decisiones y sensibilizarlos sobre la importancia de construir juntos una agenda de trabajo.
Esta renovación de la Cámara de los Comunes –el Senado no tiene propiamente una representación electa- supone una ocasión perfecta para sensibilizar a los nuevos legisladores canadienses sobre la importancia económica y política relativa de México no sólo para Canadá sino para la región entera. Mencionaría por lo menos tres botones de muestra. En primer lugar, tenemos un espacio potencial de enorme cooperación bilateral en los temas de inmigración y movilidad laboral. Nuestra misión es convencerlos de la complementariedad de nuestros mercados de trabajo y, por lo tanto, de la necesidad de invertir fuerte en capital humano para potenciar la competitividad de América del Norte. Por ello es necesario insistir no sólo en comenzar a eliminar ese visado -que afecta además el turismo, los negocios y otros intercambios recíprocos-, sino en ampliar el programa de trabajadores temporales e incluso generar nuevos programas de movilidad laboral y educativa entre ambos países. En segundo lugar pondremos sobre la mesa la necesidad de mejorar nuestros mecanismos de cooperación contra el crimen organizado. Nos preocupa especialmente una iniciativa que busca en Canadá eliminar su registro de armas y que eventualmente podría desatar operaciones de tráfico ilegal como las que actualmente enfrentamos armerías estadounidenses. Sin dejar de reconocer la jurisdicción y la soberanía canadiense para regular estos temas los legisladores mexicanos les haremos saber de las implicaciones negativas, que una legislación de esta naturaleza, podrían acarrear para la construcción de un marco de seguridad regional norteamericana. Desde luego que hay muchos otros temas que estaremos abordando con ellos y que van desde la protección de los derechos humanos hasta la sustentabilidad ambiental. Pero todos ellos se articularán bajo un denominador común. Y es que la Delegación Mexicana encabezada por el Senador José González Morfín, planteará los problemas pero también ofrecerá las soluciones a nuestros desafíos compartidos. Lo hará bajo posiciones de Estado que reflejen el interés nacional y que deriven en compromisos sólidos y duraredos para el bienestar de ambas sociedades.
Artículo publicado el pasado 19 de noviembre en Milenio Diario, estado de México

Gráfico: Milenio Diario
Mientras en estados de la Unión Americana como Alabama, la persecución contra los migrantes se acentúa con el respaldo judicial a disposiciones xenófobas y contrarias a los derechos humanos como las de la denominada ley HB56, el estado de California se coloca a la vanguardia en la aprobación de leyes que amplían los derechos de los inmigrantes indocumentados. Este fin de semana pasado, el gobernador demócrata Jerry Brown ratificó la denominada ley AB131, es decir, la segunda parte del paquete comúnmente llamado Dream Act de California, que autoriza a los estudiantes indocumentados a solicitar becas del estado y, de esa forma, darles la oportunidad de construirse un futuro mejor. Se trata, como afirma su principal promotor, el asambleísta demócrata Gil Cedilllo de Los Ángeles, de enviar un mensaje sobre la manera en que California “está preparada para dirigir el país con una visión positiva y productiva para nuestra manera de abordar cuestiones difíciles relacionadas con la inmigración”.
A diferencia de la primera parte del Dream Act, aprobada ya hace algunas semanas, que permitía a los estudiantes indocumentados recibir ayuda económica de fondos privados para costear su educación universitaria, esta segunda parte estipula que los inmigrantes indocumentados podrán tener acceso a ayuda pública para estudiar en cualquiera de los m{as de 110 planteles universitarios de ese estado. Con esta nueva legislación aproximadamente 25 mil estudiantes indocumentados, que se gradúan de la educación secundaria cada año en California, podrían beneficiarse en alguna medida y recibir la ayuda del estado sin la cual no podrían completar un programa de educación superior.
Más importante aún, podrían acceder a becas como las Cal Grants, que impiden que los mejores estudiantes abandonen la Universidad por falta de recursos económicos suficientes.
Pero esta no es la única legislación que, en fechas recientes, ha aprobado el estado de California a favor de los migrantes. Este fin de semana pasado, el gobernador Brown también firmó la ley AB1236, que impide que ciudades y condados obliguen a los empleadores a verificar el estatus migratorio de los empleados. También firmó la ley AB207 que unifica los requisitos para ingresar a escuelas públicas dejando fuera el estatus migratorio de los estudiantes y la ley SB126 que autoriza la constitución de sindicatos de trabajadores agrarios, de nuevo sin tomar en cuenta el estatus migratorio de sus integrantes.
Sin duda, la octava economía del mundo está dando una lección muy importante al resto de los estados de la Unión Americana sobre la importancia de reconocer las múltiples contribuciones que los migrantes aportan a la sociedad californiana y de remar contracorriente al enfatizar la inclusión y la integración de un grupo humano tan numeroso, talentoso e industrioso como el de los mexicanos y el resto de las comunidades de origen hispano en California.
Son gestos que no pueden pasar inadvertidos y de ahí mi propuesta, presentada el jueves pasado, para que una delegación del Senado de la República -al más alto nivel político- visite pronto el Congreso de California a fin de reconocer este esfuerzo sin precedentes y estrechar los vínculos de amistad entre ambas instancias legislativas.
Artículo publicado el pasado 15 de octubre en Milenio Diario, estado de México

La presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, la activista Leymah Gbowee y Tawakel Karman, de Yemen, ganadoras del Premio Nobel de la Paz | Foto: cnn.mexico.com
El anuncio que el Comité Nobel Noruego hiciera hace algunos días sobre las ganadoras del Premio Nobel de la Paz 2011 viene a subrayar el valor agregado, específico y particular, que las mujeres somos capaces de imprimir a la actividad política y primordialmente a los procesos de paz y conciliación alrededor del mundo. Después de una ardua deliberación, se anunció la concesión de este importante galardón a tres mujeres –dos liberianas y una yemení- cuyo activismo ha sido invaluable para, por un lado, reivindicar los derechos políticos de las mujeres en regímenes de corte autoritario y, por el otro, dar futuro a procesos de paz, reconciliación y democratización de sus respectivas sociedades.
En primer lugar, se reconoció a Ellen Johnson Sirleaf, quien a sus 72 años de edad consiguió ser la primera mujer africana electa democráticamente como Presidenta de la República Liberiana. Desde 2006, Sirleaf ha venido transformando radicalmente la situación general de su país y ha conseguido pasos muy importantes en el fortalecimiento de la unidad, la reconstrucción y la reconciliación nacional después de poco más de veinte años de una cruenta guerra civil. Por otro lado, se otorgó el Premio Nobel a Leymah Roberta Gbowee, otra liberiana que como Sirleaf, desde la trinchera de las organizaciones femeninas de la sociedad civil consiguió forzar la negociación y acuerdo de las facciones en pugna una vez caído el brutal régimen de Charles Taylor. Gbowee logró además organizar a mujeres cristianas y musulmanas de Monrovia, la capital liberiana, para hacer jornadas de rezos por la paz y acciones de resistencia civil que han servido de inspiración a movimientos similares en Sudán, Zimbabwe y otros países africanos. Finalmente, en una especie de reconocimiento simbólico a muchos de los movimientos pacíficos de la denominada Primavera Árabe, el Comité Noruego decidió premiar también a Tawakul Karman, una activista yemení quien a través de una organización llamada Mujeres Periodistas Sin Cadenas, se convirtió en el rostro más visible de las protestas multitudinarias que en ese país han venido cimbrando al régimen de Saleh. Conocida como la “madre de la revolución” y con apenas 32 años, Karman es un símbolo además de un nuevo movimiento democrático con profunda vocación pro derechos humanos y de equidad de género al interior de la religión islámica incluso en su vertiente conservadora. Como bien afirmó el Presidente del Comité Noruego, la inclusión de Karman es “señal de que la Primavera Árabe no puede triunfar si no es incluyente con las mujeres”. Más aún, se trata de un reconocimiento al alto nivel de compromiso que las mujeres en el mundo adquieren con la paz, la dignidad y el coraje de su impulso de cambio, así como a los valores de tolerancia, respeto y concordia que encarnan su lucha especialmente en sociedades que cargan toda clase de heridas y confrontaciones históricas.
Definitivamente, creo que vale la pena resaltar que esta edición del Premio Nobel de la Paz viene a dar un renovado impulso a una vieja tesis de la Organización de las Naciones Unidas, según la cual hay una fuerte correlación entre una cuota alta de participación de las mujeres en procesos de paz y reconstrucción posbélica y una solidez importante de las instituciones y los pactos democráticos y de justicia emanados de esos procesos. Ojalá las galardonadas pudieran venir a México y compartir con nosotros su perspectiva sobre tan importantes asuntos.
Artículo publicado el pasado 8 de octubre en Milenio Diario, estado de México








