You are currently browsing the category archive for the ‘Elecciones 2010’ category.
Este domingo tendrá lugar el balotaje o segunda vuelta electoral para elegir a quien encabezará el Poder Ejecutivo en Brasil durante los próximos cuatro años. Las elecciones generales, en primera vuelta, tuvieron lugar el pasado 3 de octubre. Ahí se eligieron a los gobernadores de los 26 estados brasileños, a 54 de los 81 miembros del Senado, a los 513 miembros de la Cámara de Diputados y se realizó una primera votación para identificar a los candidatos punteros que continuarán en la competencia electoral hasta los comicios del domingo. Muchas son las lecciones de democracia que Brasil está dando al mundo y concretamente a América Latina.
En primer lugar, Brasil tiene una historia reciente de consolidación democrática sobre la que vale la pena profundizar. A finales de los años ochenta, cuando la dictadura militar entregó el poder a las primeras autoridades electas, comenzó a construirse en Brasil un nuevo entramado constitucional e institucional. No sin contratiempos, el nuevo régimen político comenzó a transformar el rostro, otrora autoritario del país sudamericano, en la que es hoy la segunda democracia más grande del hemisferio, tan solo después de Estados Unidos. Una demostración fehaciente de esta transformación, es el actual proceso electoral. Con un padrón de más de 130 millones de electores, Brasil cuenta con normas e instituciones electorales sólidas y altamente confiables. Cuenta con urnas electrónicas que reducen al mínimo la posibilidad de cometer errores en el conteo y que agilizan el recuento de papeletas al final del proceso. Todos estos elementos, aunados a la buena imagen que mantienen las instituciones electorales frente al grueso de la población, dieron certidumbre a un proceso ejemplar como el del pasado 3 de octubre. Supervisadas por 151 observadores extranjeros procedentes de 36 países y múltiples organismos internacionales, las elecciones fueron celebradas sin mayores contratiempos y en un clima de absoluta normalidad. No es poca cosa si se toma en cuenta la enorme extensión geográfica del país, las diferencias socioeconómicas y políticas entre sus cinco macrorregiones y la gran diversidad de partidos políticos competitivos que, en algunas demarcaciones, llegan a sumar entre veinte y veinticinco.
En segundo lugar, la segunda vuelta o balotaje es un mecanismo que merece ser considerado en nuestro sistema electoral. Se trata no sólo de una práctica institucionalizada en muchos países del mundo, incluidas algunas de las democracias más sólidas de nuestra región como Chile, Uruguay, Costa Rica y Brasil, sino una modalidad de elección que añade una dosis adicional de confianza a los comicios. El balotaje añade competitividad -cuando los candidatos saben que deben superar más de la mitad de los votos para no ir a segunda vuelta- pero, en caso de que esto no ocurra, obliga a que los electores tomen una decisión entre los candidatos punteros otorgándole al ganador un notable respaldo popular. Mediante la segunda vuelta se fortalece la legitimidad del funcionario electo y se genera una relación más estrecha entre el ciudadano y las autoridades electas robusteciendo la representación política. En efecto, ninguno de los candidatos obtuvo más del 50% de los votos y por ello mañana contienden de nuevo Dilma Rousseff, del partido en el gobierno, y José Serra, de la oposición.
Por otro lado, y en tercer lugar, de acuerdo con una definición muy conocida, la democracia es certidumbre en las reglas e incertidumbre en el resultado. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo ahora mismo en Brasil. Más allá de las encuestas y los sondeos de opinión, ninguno de los candidatos tiene asegurada la victoria. Tanto Serra como Rousseff buscan convencer a aquellos electores, principalmente a los casi 20 millones que votaron, en primera vuelta, por Marina Silva del Partido Verde, para que voten en su favor. Cabe señalar que al declararse Silva neutral en esta segunda contienda, los electores del tercer partido más votado podrán incidir y quizá determinar el resultado final de la elección. De ahí la importancia de las campañas y los debates. En una democracia como la brasileña, no hay nada para nadie, y los candidatos lo saben. Hasta el último momento, ambos siguen en campaña y la incertidumbre sobre los resultados solo se disipará hasta que el Tribunal Superior Electoral cuente el último voto.
La cuarta lección es también muy relevante. Se trata de la pertinencia y la validez de las alianzas electorales. Ambas candidaturas, tanto la de Serra como la de Rousseff están respaldadas por amplias coaliciones electorales (10 partidos la de Rousseff y 6 la de Serra) que incluyen tanto partidos nacionales como partidos locales. Las coaliciones en Brasil no sólo son legales sino que son especialmente pertinentes para evitar una atomización del voto en muchas regiones. Pero, más aún, suponen la posibilidad de arropar un programa político y una candidatura común que, una vez en el gobierno, se traducirá en un gobierno de coalición con representación política para todos los partidos participantes. En México, los enemigos de las alianzas podrían ver en Brasil el funcionamiento óptimo de esta legítima modalidad electoral que se replica en gran parte del planeta.
Finalmente, una última y muy importante lección. Ha sido durante este periodo de esplendor democrático, y no durante su pasado autoritario, que Brasil ha consolidado un estatus político y económico de potencia emergente, ocupando el octavo lugar entre las economías del mundo y construyendo un futuro cada vez más promisorio para su abundante población. En ese sentido, es Brasil también un magnífico ejemplo para instruir a todos quienes abanderan una regresión autoritaria como la vía para garantizar un mejor nivel de vida para la población.
Artículo publicado el pasado 30 de octubre en Milenio Diario, estado de México
Entre los candidatos que representan a la Alianza PAN-PRD-Convergencia en los respectivos procesos electorales de 2010, el caso de Xóchitl Gálvez en Hidalgo sobresale por múltiples factores. Se trata de una personalidad política y empresarial de gran relevancia que encarna los mejores valores, ideales y sueños de toda una generación de mexicanos. Son precisamente esos ideales los que hoy hacen posible que en Hidalgo se dé por fin una genuina alternancia democrática.
De origen humilde y ascendencia otomí, Xóchitl aprendió desde muy pequeña que el esfuerzo propio era la única forma de labrarse un futuro promisorio y de mejorar las condiciones de vida de su familia y su comunidad. A base de sacrificios, no sólo terminó con gran éxito sus estudios en la UNAM sino que se convirtió en una exitosa empresaria en el ramo tecnológico. En esta calidad, se ha hecho merecedora de reconocimientos muy importantes a nivel nacional e internacional. Sin embargo, lejos de dedicarse exclusivamente a una actividad privada, Xóchitl emprendió una cruzada social contra la pobreza y la marginación en la que viven muchas comunidades indígenas. Desde 1997 preside la prestigiosa Fundación Porvenir y se convirtió en la primera titular de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas creada durante la administración del Presidente Fox.
Xóchitl no tiene una afiliación partidista y por ello rompe el esquema tradicional de los políticos mexicanos. Ha vivido en carne propia la pobreza, la marginación y el rezago que siguen sufriendo un gran número de hidalguenses. Ha padecido también la violencia de género, uno de los problemas más acuciantes de la sociedad hidalguense. Pero más aún, ha tenido la oportunidad de experimentar en su vida el poder transformador de la educación y la satisfacción que brinda el trabajo social y comunitario. Lamentablemente, en la política mexicana este tipo de historias personales siguen siendo unas cuantas. De ahí que su candidatura adquiera un interés mucho más profundo que el eminentemente electoral.
En efecto, todo parece indicar que Xóchitl va a convertirse en la séptima gobernadora en la historia de México. Pero lo más importante es que sólo una personalidad como la suya es capaz de convocar a un equipo de funcionarios talentosos y honestos quienes, sin distingos por su afiliación partidista, tendrán el cometido de sacar a Hidalgo de lo que ha sido un histórico letargo en distintos rubros. Xóchitl no sólo podría romper el caciquismo que se vive en esa entidad sino que sería una promotora incansable del desarrollo social, de la igualdad de oportunidades y, por supuesto, de la educación como motor fundamental para la superación de la pobreza.
Naturalmente, el gobierno del estado y el priísmo local no se han quedado de brazos cruzados. Ambos han emprendido una campaña de desprestigio y difamación, una auténtica guerra sucia que sólo demuestra el miedo que tienen a la Alianza y, por tanto, el pánico que les provoca perder los privilegios y ventajas que han obtenido indebidamente en el servicio público.
Funcionarios del gobierno del estado de Hidalgo, la han venido acosando profiriendo una serie de desafortunados comentarios sexistas en distintas declaraciones. En enero, de manera misteriosa, prácticamente todos los ejemplares de la edición local de Milenio fueron comprados a primera hora de la mañana en Pachuca justo cuando entre sus páginas aparecía una encuesta que daba cuenta de su impresionante crecimiento electoral. Incluso, la propia candidata ha señalado que algunos pendones de su Fundación, colocados en importantes vialidades de la ciudad hidalguense, han sido retirados sin explicación alguna. Sin embargo, lo más grave en este momento de la contienda es la falta de apertura en los medios de comunicación locales. La intervención del gobierno del estado es evidente cuando el Sistema Estatal de Medios de Comunicación comenzó a dar un trato preferente en medios de comunicación a otros precandidatos, notablemente menos competitivos, para encabezar la Alianza opositora. En un programa de televisión local, Xóchitl Gálvez fue permanentemente ignorada y denostada por una conductora descortés e irrespetuosa quien con su actitud dejó entrever que seguía instrucciones. Es probable que esta lamentable situación se dé en otros medios locales sobretodo ahora que Xóchitl es candidata de la Alianza opositora. Por ello, corresponde a las instituciones electorales vigilar por la aplicación del principio de la equidad de género en las campañas y a los actores políticos nacionales hacer de este tema un eje fundamental para próximas modificaciones a la ley electoral.
Mientras tanto, esa es otra muestra de la desesperación del priísmo local, un indicador más de que un futuro distinto para Hidalgo es posible y un aliciente adicional para Xóchitl Galvez, una mujer que sabe como lidiar con la adversidad.
Artículo publicado el pasado 24 de abril en Milenio Diario, estado de México







