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No cabe duda que el Presidente Calderón está encabezando una fuerte batalla contra el narcotráfico lo que ha comenzado a minar sensiblemente la fuerza de los carteles de la droga y la estructura operativa y de mando de las cúpulas criminales. Se ha golpeado con eficacia al tráfico y la comercialización de drogas, se está golpeando también a la estructura de complicidad política, judicial y empresarial en la que opera y, sin duda, se está librando una dura batalla contra fenómenos directamente asociados con este terrible lastre como el lavado de dinero y el tráfico de armas.
Sin embargo, es el momento de emprender con fuerza una estrategia complementaria para no sólo afectar la oferta de droga sino, además, reducir su demanda. Eso implica, por supuesto, robustecer una campaña de prevención, rehabilitación y tratamiento de las adicciones.
El problema de las drogas, nos recuerda la Organización de las Naciones Unidas, sigue siendo un reto mundial que pone en grave peligro la salud y el bienestar de la humanidad, en particular de los niños y los jóvenes, además de que socava la estabilidad socioeconómica y política, entorpece el desarrollo sostenible, genera pobreza así como desintegración social y familiar.
Se calcula que tan sólo en Estados Unidos, el impacto económico de la drogadicción es multimillonario. Según estas estimaciones, el costo total del abuso de sustancias en este país, incluyendo costos relacionados a la salud y al crimen así como a la pérdida de productividad excede el medio billón de dólares anuales. Por supuesto, Estados Unidos, sigue siendo el principal país consumidor de droga en el mundo con más de 22 millones de personas con problemas de adicciones. Sin embargo, en México, las cifras de adicciones comienzan a ser también preocupantes.
De acuerdo con información oficial, en México el consumo de drogas asciende aproximadamente a 500 toneladas anuales y el mercado mexicano de drogas supera los 450 millones de dólares anuales. Además, el número de consumidores de drogas en México –especialmente marihuana y cocaína- aumentó 51% de 2002 a 2008. Lamentablemente, la mayoría de estos nuevos adictos son jóvenes entre los 12 y los 17 años de edad.
De ahí la importancia que tiene armonizar nuestras estrategias de reducción de la oferta con la reducción de la demanda y, por tanto, la puesta en marcha de iniciativas para la prevención, la educación, el tratamiento y la rehabilitación de las personas que sufren de adicciones.
Por supuesto, el financiamiento a estas acciones preventivas y de rehabilitación nunca es suficiente. Por ello, la reciente aprobación de la Ley de Extinción de Dominio representa una oportunidad extraordinaria para aprovechar lo que se ha venido haciendo en casos de decomisos. Un caso emblemático son los 205 millones de dólares en efectivo que fueron decomisados al empresario de origen chino, Zhenli Ye Gon. La tercera parte de esos recursos se destinaron fundamentalmente a la creación de Centros para el control y tratamiento de adicciones. Se trata de 70 de los 300 Centros Nueva Vida que se construirán durante la administración del presidente Felipe Calderón. Actualmente, los centros ubicados en los estados de Guanajuato, Sonora y Durango, entre otros, se han erigido precisamente utilizando el dinero que Ye Gon obtuvo de su venta ilícita de pseudoefedrina a los cárteles de la droga para la producción de metanfetaminas.
Con la Ley de Extinción de Dominio, recientemente aprobada por el Congreso, se otorga al Estado las facultades necesarias para atacar a las organizaciones criminales ahí donde más les duele: los recursos financieros, el dinero en efectivo, la posesión de inmuebles y otras propiedades. Sería pertinente utilizar estos recursos que serán decomisados fundamentalmente para una gran campaña de prevención, tratamiento y rehabilitación de las personas que sufren de adicciones en México.
De esta manera estaríamos invirtiendo sobre todo en la población más vulnerable y susceptible a engancharse con la utilización de las drogas. Me refiero a los jóvenes mexicanos con quienes hay que hacer un esfuerzo mucho mayor para mostrarles los efectos perjudiciales del abuso de drogas, para incluirlos en nuevos y amplios proyectos de empleo, actividades deportivas, artísticas, culturales y recreativas y, en general, para ponerlos en el centro de las políticas públicas.
Artículo publicado el pasado 6 de junio del 2009 en Milenio – EdoMéx.
La madrugada del 17 de marzo pasado, los mexiquenses recibimos una alarmante noticia para nuestra seguridad. En sendas operaciones simultáneas, comandos armados y encapuchados tomaron por asalto los destacamentos de la Agencia de Seguridad Estatal (ASE) de Tenancingo y Zumpahuacán con el objetivo de sustraer más de 35 armas de grueso calibre, 21 armas cortas, siete escopetas, cinco rifles de asalto y aproximadamente 537 cartuchos así como equipos de radio comunicación. Cuando personal del Ejército Mexicano acudió en apoyo de los policías estatales, se registraron una serie de enfrentamientos tras de los cuales fue posible la captura de 9 de los aproximadamente 30 sicarios que, se calcula, participaron en este atraco. Autoridades estatales y federales informaron haber tomado conocimiento de este ilícito pero hasta el momento de escribir estas líneas no hay resultados claros de las investigaciones.
Este desafortunado evento no puede pasar inadvertido toda vez que es emblemático de la vulnerabilidad que sufrimos los mexiquenses frente al crimen organizado. Si quienes trabajan para protegernos sufren de esta manera sus embates, ¿qué podemos esperar los ciudadanos?
Lo cierto es que este hecho está íntimamente relacionado con un contexto sumamente negativo para el desempeño reciente de la Agencia de Seguridad Estatal (ASE). En tres años, el gobernador Peña Nieto se ha visto obligado a cambiar al titular de la misma en cuatro ocasiones. El primero fue Wilfrido Robledo Madrid quien renunció, en febrero de 2007, en medio de un escándalo por la contratación de su hijo Mario Robledo Segura como subdirector de los cuerpos auxiliares de la entidad. Robledo Madrid fue además el encargado del desempeño de la Agencia durante los hechos violentos ocurridos en San Salvador Atenco y Texcoco en mayo de 2006. Por ello ha sido señalado por distintas organizaciones de derechos humanos y por el propio ministro José Ramón Cossío de la Suprema Corte de Justicia de la Nación como el principal responsable de uno de los eventos de tortura y abuso más graves que el país haya registrado en los últimos años.
A Robledo Madrid, le siguió en el cargo Héctor Jiménez Baca, removido un año después a causa de la recomendación emitida en su contra por la Comisión estatal de derechos humanos que le acusaba de haber autorizado que más de 500 internos del penal de Neza – Bordo fueran desnudados para controlar un motín registrado en enero de 2008. No es tampoco un secreto que durante su gestión el sur del estado vivió un aumento acelerado de las ejecuciones, los feminicidios y, en general, los delitos violentos.
A Jiménez Baca sucedió en el puesto Germán Garcíamoreno quien renunció el 6 de marzo pasado, apenas unos días antes del atraco. Su renuncia pareció consecuencia obvia de escándalos como el de los policías obligados a trabajar de meseros en actos navideños encabezados por el gobernador. A Garcíamoreno también se le atribuye la reactivación del programa “Vigilantes Voluntarios” mediante el cual los uniformados, en lugar de combatir a la delincuencia, recaban información, puerta por puerta, de los habitantes de distintos municipios mexiquenses lo cual ha dado lugar a fundadas sospechas sobre el posible uso electoral de esos datos. Actualmente, el titular de la Agencia estatal es David Garay Maldonado, ex secretario de seguridad del Distrito Federal y hasta hace algunas semanas, director del Centro de Estudios sobre Seguridad Pública y Desarrollo Policial del Estado de México.
La sucesión de funcionarios demuestra que, en términos generales, el Estado de México carece de un rumbo claro en la materia. Van cuatro titulares de la ASE y el Gobierno del Estado de México no ha sido capaz de efectuar mejoras sustanciales a la profesionalización y depuración de los cuerpos policíacos y ha sido omisa, según sugerencias de observadores internacionales, en atacar la impunidad y resolver graves fallas operativas.
En todo caso, existen propuestas que podrían dar mayor certidumbre, legitimidad y solidez al desempeño de la ASE. Me refiero a la Iniciativa que, informó el Diputado Carlos Alberto Pérez Cuevas, estará presentando en el Congreso mexiquense para que los legisladores locales ratifiquen el nombramiento del titular de la Agencia tal y como sucede con la designación del Procurador general de Justicia de la entidad. Otra propuesta relevante tiene que ver con la creación de un órgano independiente que concentre y sistematice las cifras de incidencia delictiva para evitar la distorsión que la propia Agencia podría haber hecho de las mismas.
Sin embargo será condición esencial para el fortalecimiento y profesionalización de la Agencia el esclarecimiento total y satisfactorio de este infortunado evento. Como segundo paso, el nuevo titular de la Agencia está obligado a diseñar una estrategia de combate al crimen organizado garantizando, en todo momento, los derechos humanos de los mexiquenses.
Artículo públicado el 29 de marzo de 2009 en Milenio-Diario, EDOMEX







