Uno de los capítulos más dolorosos en la historia contemporánea ha sido la persecución y el asesinato sistemático de aproximadamente seis millones de judíos, hombres, mujeres, niños y ancianos, a manos del régimen nazi y sus colaboradores. Además del funesto antisemitismo, la ideología nazi dio origen a una política de eliminación de todas las razas que, contrario a la raza aria, eran consideradas como inferiores o impuras. A las muertes judías, se unieron las de millones de integrantes de otros grupos étnicos, religiosos y políticos durante la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que aproximadamente cinco millones de gitanos, discapacitados, prisioneros de guerra, fundamentalmente soviéticos, homosexuales, testigos de Jehová, polacos, rumanos, entre otros, fueron asesinados o murieron como consecuencia de las condiciones deplorables en que se les recluyó en numerosos campos de trabajo forzado y esclavitud.

Emb. Gilberto Bosques, "Un hombre de todos los tiempos" Museo Judío y del holocausto en México - Senado de la República - Abril 2009

Todos ellos fueron víctimas de actos atroces que evocan lo que hoy llamamos el Holocausto o la Shoah en su acepción hebraica. Ambas voces tienen un origen etimológico común: la noción de quemado o pasado por fuego en alusión a las cámaras de gas y los hornos crematorios donde los cadáveres eran incinerados. La crueldad y la barbarie con que esta política fue instrumentada sigue asombrando al mundo entero y dando origen a millares de obras históricas, literarias, pictóricas y cinematográficas intentando no sólo explicar esta tragedia sino refrescar la memoria a las nuevas generaciones para impedir un evento semejante. Y es que, como afirmaba el gran escritor judío italiano Primo Levi, “nuestro lenguaje no cuenta con suficientes palabras para expresar la ofensa que hemos recibido, es decir, la destrucción del hombre”.

En efecto, el genocidio judío mediante la denominada “solución final” ha dejado una huella imposible de borrar en la conciencia histórica de la humanidad. De ahí que la Organización de las Naciones Unidas decidiera preservar el legado de los sobrevivientes del Holocausto mediante una conmemoración internacional que año tras año, el 27 de enero, recuerda la liberación en 1945 de Auschwitz- Birkenau, el campo de exterminio más emblemático del régimen nazi. Mediante la resolución 60/7 de noviembre de 2005, la Asamblea General de la ONU insta a los estados miembros a elaborar programas educativos “que inculquen a las futuras generaciones las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro” así como ayudar a “rechazar toda negación, ya sea parcial o total, del Holocausto como hecho histórico”. La resolución, adicionalmente, hace hincapié en aprovechar esta conmemoración para emitir un enérgico rechazo a todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación, acoso o violencia. De ahí que el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, afirmara que el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto es también “el día en que debemos reafirmar nuestra adhesión a los derechos humanos”.

Por supuesto que ésta es una oportunidad muy importante para reafirmar la vigencia y pertinencia de las múltiples lecciones del Holocausto. En primer lugar, la necesidad de identificar y atajar de lleno las expresiones de odio, xenofobia e intolerancia que, de suyo, son incompatibles con las sociedades abiertas y democráticas a las que aspiramos al menos en el mundo occidental. En distintos puntos del planeta, hay líderes políticos irresponsables, populistas y extremistas que se arman de agendas y discursos políticos de animadversión hacia una raza, una religión, una etnia o un grupo social determinado. Es tarea de todos los regímenes democráticos detener este tipo de expresiones y hacer uso de la única intolerancia permisible, me refiero a la que se ejerce contra la intolerancia misma. La política del apaciguamiento probó su ineficacia y su ceguera cuando Neville Chamberlain toleró y dejo pasar la intervención alemana en la Guerra Civil española, la anexión nazi de Austria y otras graves violaciones al Tratado de Versalles.

En segundo lugar, la urgencia de extender los alcances de la justicia internacional y el respeto a los derechos humanos ahí donde aún hay rezagos severos en estas materias. Esto incluye prevenir e impedir nuevos genocidios como los que desafortunadamente se registraron, después del Holocausto, en Ruanda, Cambodia, Sudán, Burundi, Uganda, la ex Yugoslavia, entre otros. El Siglo de los Genocidios, dijo Bernard Bruneteau, refiriéndose al siglo XX, tuvo que ver con “la puesta en escena de un enemigo total y bárbaro, objeto así de todos los odios, representación alucinada de atrocidades” que originó “sucesos de  violencia extrema y muerte en masa”. El siglo XXI puede llegar a ser, en cambio, el siglo de la justicia y la reconciliación para muchas de estas sociedades.

En este contexto, el Senado de la República tuvo el acierto de organizar, en el marco de la Conmemoración anual por las víctimas del Holocausto, un Homenaje al Schindler mexicano, don Gilberto Bosques Saldívar. Bosques, cónsul general de México en Francia de 1939 a 1942, quién auspició la salida a México de más de 40 mil perseguidos del nazismo. Son individuos excepcionales como el quienes nos recuerdan que, aún en las peores condiciones, hay espacio para el humanismo, la solidaridad y la fraternidad.

Artículo publicado el pasado 30 de enero en Milenio Diario del Estado de México

En la recuperación de Haití ante una de las peores catástrofes en la historia contemporánea de América Latina y el Caribe, la comunidad internacional ha adquirido un papel fundamental. Apenas fluían las noticias sobre la devastación de Puerto Príncipe y de buena parte del país caribeño, los principales organismos internacionales comenzaron a coordinar los esfuerzos de ayuda y reconstrucción.  Con un saldo de alrededor de 200 mil muertos, según estimaciones de la Comisión Europea, 2 millones de niños huérfanos, cientos de miles de heridos y millones de damnificados sin hogar, sin alimentos ni agua potable, el terremoto de Haití y sus secuelas se han convertido en una prioridad imperiosa para los esfuerzos de cooperación internacional. Ante el colapso casi total de la infraestructura pública de salud, seguridad, transporte, comunicaciones, energía y servicios públicos, la Organización de las Naciones Unidas y decenas de países movilizados en auxilio de Haití se han venido enfrentando a problemas logísticos sin precedentes.  Sin embargo, bajo el liderazgo de la ONU, la Unión Europea y múltiples organismos no gubernamentales, la ayuda está llegando y los esfuerzos de reconstrucción están en marcha.

Foto: anahuac.mx

En este proceso, México ha venido haciendo una serie de contribuciones muy importantes. A partir de nuestra propia experiencia como mexicanos, quienes hemos vivido en carne propia los estragos de un terrible terremoto como el de 1985, y en virtud de nuestra vocación y compromiso históricos con la ayuda humanitaria internacional, hemos brindado una cooperación sin precedentes a este hermano y entrañable pueblo caribeño. Hasta el momento de escribir estas líneas, nuestro país ha enviado 10 aviones y un buque con suministros, ayuda humanitaria, equipos de rescate y 208 especialistas en distintas labores médicas, de protección civil y rescate. Además, el Presidente Calderón ordenó el envío de una contribución mexicana de aproximadamente 8 millones de dólares para apoyar la hercúlea labor que encabeza el Presidente René Préval.

Otra dimensión del esfuerzo de México tiene que ver con su participación en organismos multilaterales. Nuestro país auspició la celebración de la sesión especial del Consejo de Seguridad que emitió la resolución 1908 mediante la cual se decidió aumentar considerablemente el número de efectivos de la Misión de estabilización de Haití (MINUSTAH). Además, México sigue haciendo hincapié en la urgencia de adaptar la misión a las nuevas necesidades que emanan de esta nueva condición de emergencia. Más importante aún, contingentes mexicanos como los heroicos “Topos” han venido efectuando funciones de rescate – localizando a más de 16 personas con vida entre los escombros- trabajando en los refugios, brindando servicios de salud a miles de personas y apoyando el establecimiento de medidas epidemiológicas. Adicionalmente, se espera en breve, la partida del buque Papaloapan que llevará mil 200 toneladas de ayuda y dos helicópteros que serán utilizados para facilitar la descarga de dos mil kilos de carga en cada viaje. Esta ayuda ha sido recopilada de donaciones públicas y privadas que cientos de miles de personas, empresas y organizaciones solidariamente han enviado a distintos centros de acopio para las víctimas del terremoto. En Haití, día y noche trabajan incansablemente brigadistas de protección civil, múltiples elementos de la Policía Federal Preventiva, miembros del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas, elementos de la Armada de México y un sinnúmero de voluntarios.  Desde luego, las funciones de rescate incluyen la identificación y la atención a los mexicanos en Haití. Concretamente las labores se han intensificado para ubicar a 58 de los 138 mexicanos que se estima estuvieron en Haití el pasado 12 de enero. Otro dato muy importante es que el Presidente Calderón ha girado instrucciones para seguir buscando nuevas formas de colaborar en la plena recuperación de Haití y, en ese sentido, se convocará una Cumbre Internacional que, bajo el título de Unidos por un Mejor Haití, coordine ulteriores esfuerzos para la asistencia a la isla.

En el interés de México está ayudar a Haití y brindarle todo el apoyo necesario para devolverle alivio, estabilidad y esperanza. Haití no sólo ha sufrido este terrible acontecimiento sísmico sino que, en el pasado, ha sido azotado por los huracanes, la inestabilidad política, la dictadura, el hambre y la corrupción. Es momento de lanzar una verdadera cruzada por la reconstrucción de este bello e importante país para el continente.  Está en el interés del mundo entero impedir que el primer país de la región que obtuvo su independencia, el país pionero en la erradicación de la esclavitud, el lugar que vio nacer a Gérard Pierre-Charles, Yvonne Hakim-Rimpel, Emile Ollivier y tantos otros grandes intelectuales, se convierta en un auténtico Estado fallido.

Como parte fundamental de nuestra tercera frontera, la frontera que tenemos con el Caribe, Haití no debe ser relegado a un segundo plano en nuestra política exterior. En este sentido, los pasos que gobierno y sociedad hemos dado para volcarnos todos en auxilio solidario y fraterno a Haití, son muestra de una voluntad renovada para, con pleno respeto a la soberanía y la autodeterminación de los haitianos, dejar atrás para siempre periodos de relativo abandono e indiferencia en nuestras relaciones.

Artículo publicado el pasado 23 de enero del 2010 en Milenio Diario, Estado de México

Foto:presidencia.gob.mx

Durante la pasada XXI Reunión de Embajadores y Cónsules en la Ciudad de México, el presidente Felipe Calderón pidió a los más de cien representantes de México en adscripciones consulares y diplomáticas alrededor del mundo informar con veracidad sobre lo que ocurre en nuestro país y, con ello, contribuir al mejoramiento de la imagen de México en el exterior. Con sobrada razón, el Presidente instó a distinguir donde están las discrepancias políticas y donde el interés superior de la República al admitir que si bien “se vale disentir y se vale criticar, también se vale hablar bien de México”.

En respuesta a esta petición, el cuerpo diplomático mexicano ha decidido emprender una campaña global para revertir la imagen de violencia que nuestro país mantiene, por ejemplo, en los medios de comunicación y la opinión pública de algunos países. Se trata, afirmaron algunos miembros del Servicio Exterior Mexicano, de contextualizar la situación de nuestro país y de impedir que el sensacionalismo se apodere de la información que circula sobre México en Estados Unidos y algunos países europeos principalmente. “México” como afirmó nuestro embajador en España Jorge Zermeño, “es mucho más que noticias sobre inseguridad”.

Sin duda, la lucha contra el crimen organizado ha traído un reconocimiento mundial a la determinación del Presidente Calderón por no dar tregua al narcotráfico. Esto ha supuesto, sin embargo, que algunos medios de comunicación en el extranjero se sientan atraídos por este tema y reporten muy poco sobre otros. De ahí la importancia de ofrecer más elementos de análisis a la comunidad internacional a fin de que entienda cabalmente el momento por el que pasa nuestro país. Por supuesto que la situación es difícil y eso no puede ni debe pasar inadvertido en la prensa global. Pero lo que tampoco debe pasar inadvertido es la información que acredita el éxito de nuestra política contra el crimen organizado y el hecho de que, como afirmara el Secretario de Seguridad Pública, nuestro país cuenta con la capacidad tecnológica y humana para terminar de desmantelar las bandas criminales y los carteles de la droga. En ese terreno, los representantes de México en el exterior además podrían informar sobre los avances en la estrategia de seguridad del gobierno federal, sobre el número de detenciones, de extradiciones, de aseguramiento de drogas, dinero y armas, entre muchos otros factores que permitan distinguir una visión mucho más equilibrada sobre este tema.

Más importante aún, la información sobre la situación de los derechos humanos en nuestro país puede también efectuar un cambio sustancial en términos de nuestra imagen en el exterior. Frente a las violaciones a los derechos humanos que aún se registran debe añadirse información valiosa sobre la situación institucional de México en la materia. En México, contamos con instituciones y con legislación suficientes para investigar y castigar abusos.  Tenemos un Programa Nacional de Derechos Humanos y una Comisión Nacional que trabajan para que esto ocurra y para edificar una cultura generalizada de respeto y promoción de los derechos humanos. En palabras de la Secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, “una atmósfera de ejercicio pleno de la seguridad ciudadana es una atmósfera que permitirá también el ejercicio pleno de los derechos humanos”. Y eso también ha sigo marginalizado en buena parte de la información publicada en medios internacionales.

En general, 2009 fue un año excepcionalmente difícil en muchos terrenos incluido el de seguridad, el económico, el de salud y algunos otros. En todos estos frentes, nuestro país ha venido haciendo esfuerzos notables para hacerles frente y superarlos. Por eso, vale la pena sumarnos todos a esta convocatoria que ha lanzado el Presidente Calderón. Desde nuestras respectivas trincheras políticas o profesionales hay que comunicar con veracidad, especialmente en el extranjero, sobre todo lo que ocurre en nuestro país con una visión equilibrada y responsable, sin exageraciones ni tintes catastrofistas.

Al Gobierno por supuesto que toca hacer su parte. Lanzar una campaña de Diplomacia Pública que atraiga inversiones, turistas, empresarios, estudiantes, científicos y artistas. Informar con oportunidad y dar cuenta del fracaso rotundo de los pronósticos que a principios de 2009 hablaban de un Estado fallido. Seguir trabajando para ofrecer resultados sólidos y concretos en estos rubros.

Frente al Bicentenario de la Independencia a celebrarse en septiembre próximo, cambiar la imagen de México en el exterior es una tarea prioritaria pero es una tarea de todos los mexicanos.

P.D. Haití atraviesa por una tragedia sin precedentes. Nuestros hermanos haitianos necesitan toda nuestra ayuda y generosidad. No escatimemos en ayudar a este entrañable país y pueblo amigo durante lo que es quizá la peor desgracia en décadas.  La Embajada de Haití en México que funciona como centro de acopio está en Presa San Martín 53, Colonia Irrigación, Delegación Miguel Hidalgo, entre Cervantes Saavedra y Ejército Nacional en la Ciudad de México, teléfono: (0155) 5557 2065 y 5580 2487; o en el centro de acopio oficial más cercano a tu comunidad.

Artículo publicado el pasado 16 de enero en Milenio Diario, Estado de México

Foto: abogadogeneral.uady.mx

Pléyades de informes de distintas agencias y organismos internacionales señalan sistemáticamente los rezagos de la educación en México. No obstante, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) marca la pauta para identificar donde están los problemas de nuestro sistema escolar. Recientemente, esta organización ubicó a México en el primer lugar de desaprovechamiento del tiempo escolar en una comparación de los 23 miembros de la misma. Afirma que los maestros en nuestro país dedican 57 de los 200 días efectivos de clase, es decir, 345 horas anuales, a resolver conflictos, a disciplinarlos, a poner orden en el aula y a realizar trámites burocráticos.

De acuerdo con distintas estimaciones, datos y conclusiones de la OCDE en diversos estudios y análisis recientes, el gasto de México por estudiante en secundaria es también uno de los más bajos de entre los miembros de la organización (aproximadamente mil 656 dólares, lo cual es un cuarto de la media que asciende a 6 mil 560 dólares). Nuestro país registra también uno de los rendimientos más bajos en términos de educandos egresados de los distintos niveles escolares. Tan sólo alrededor del 25% de los mexicanos de entre 25 y 34 años de edad terminaron satisfactoriamente su secundaria mientras que en países como Noruega, Corea, Dinamarca o Japón el porcentaje va del 90 al 100%. La denominada eficiencia terminal no es mejor a nivel universitario. Aunque las inscripciones a las universidades aumentan año tras año, sólo 16% de los mexicanos entre 25 y 34 años terminaron satisfactoriamente sus estudios superiores.

Los problemas en materia de divulgación del conocimiento no son menores. De acuerdo con el pasado informe PISA de evaluación del nivel de formación de los estados integrantes de la OCDE, México se ubica en el último lugar, por detrás de países como Turquía y Grecía con apenas 410 puntos mientras que Finlandia se ubicó a la cabeza con 563 puntos seguida por Hong Kong, Canadá, Taiwán, Estonia y Japón. En consecuencia, entre estudiantes mexicanos y finlandeses de 15 años, primeros y últimos de la clasificación, hay 4 años enteros de formación escolar de diferencia. Además, de acuerdo con el informe en su edición 2007, 50% de los jóvenes de 15 años se ubicó en los niveles cero y uno –los más bajos evidentemente- en las habilidades científicas, matemáticas y de lectura, áreas cruciales para tener éxito en sus estudios universitarios. De acuerdo con la evaluación, este porcentaje de jóvenes son incapaces incluso de resolver problemas elementales a nivel académico.

Este contexto de absoluto desastre educativo contrasta con la presencia del poderoso y millonario Sindicato de Trabajadores de la Educación. El SNTE aglutina al magisterio, lo moviliza y lo convierte en una herramienta electoral. Sin embargo, y frente a la ostentosa corrupción de algunos de sus dirigentes, no hace muchos esfuerzos para profesionalizarlo, para mejorar sustancialmente su precaria situación salarial y para transparentar sus procesos para ocupar nuevas plazas. La sección 22 del sindicato, disidente del Comité Ejecutivo del mismo, se ha convertido en un grupo que sistemáticamente se opone, a veces incluso por vías violentas, a cualquier mecanismo o reforma que pretenda terminar con las prerrogativas de las que gozan sus dirigentes y establecer formas meritocráticas y transparentes de ascenso y promoción del magisterio. Su oposición furibunda a la Alianza para la Calidad Educativa mantuvo a los niños oaxaqueños y morelenses sin clases durante meses y sus líderes jamás se ruborizaron por ello.

En definitiva, la reforma educativa deseable tendría que abordar todos los aspectos que resultan tabú en la negociación con las corporaciones gremiales. Sería deseable que abordara la necesidad de evaluar sistemáticamente a las escuelas y los maestros, que se ocupara de la formación científica y cívica, que revisara los contenidos, métodos y fórmulas para el aprendizaje, que eliminara la memorización como técnica de estudio e incorporara las vanguardias pedagógicas que en el mundo han probado su efectividad. Tendrían que destinarse más recursos a la educación y menos recursos a las burocracias sindicales, más recursos a la formación y actualización de los docentes y menos a su politización, más en la tecnología y menos en los recursos convencionales para la transmisión del conocimiento. Implicaría también un cambio de paradigma para modificar los esquemas de baja, retiro, sanciones, ascensos, ingresos y adscripciones de los docentes.

Pero sería, sobre todo, una transformación estructural que dejara atrás ese modelo educativo “anticuado, rígido, poco estimulante para profesores y estudiantes, centrado en la memorización, en el docente y el aula, no conducente a la interacción creativa entre educador y educando ni al desarrollo de habilidades y destrezas en este último” (IMCCO, Informe 2009).

Estoy segura de que miles de maestros en México, así como de actores políticos, económicos, sociales e intelectuales estarían dispuestos a contribuir para construir un nuevo sistema educativo. Es en el mejoramiento de la educación en donde los mexicanos  necesitamos una inversión de capital económico y político urgente.

A principios del siglo XXI uno de los datos más escandalosos sobre el estado de la democracia en nuestra región tenia que ver con el hecho de que, si fueran mutuamente exclusivos, sus habitantes preferirían gobiernos económicamente eficientes sacrificando aspectos de la gobernabilidad democrática. Sin embargo, con la reciente presentación del Informe Latinobarómetro, esto parece haber llegado a su fin, al menos en el contexto regional. El Latinobarómetro es un reconocido estudio de opinión pública que anualmente publica la Corporación Latinobarómetro, organización no gubernamental con sede en Santiago de Chile, y que basa sus resultados en la aplicación de 19,000 entrevistas en 18 países de nuestra región. En su consejo asesor se dan cita algunos de los más brillantes politólogos, académicos y analistas de la realidad política latinoamericana como Juan Linz, Daniel Zovatto, Ronald Inglehart, entre muchos otros.

De acuerdo con su edición 2009, en términos generales los ciudadanos latinoamericanos apoyan crecientemente a la democracia y la conciben como un principio positivo del quehacer político a pesar de las graves dificultades económicas y financieras que atraviesan este año.

De hecho el 59% de ellos cree que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, lo cual representa dos puntos más que la misma medición el año pasado. Además, 57% de los ciudadanos latinoamericanos dicen que no hay democracia posible sin Congreso ni Partidos Políticos lo cual demuestra un avance significativo en el apoyo a las instituciones democráticas. Más importante aún, ante la controversial pregunta si elegir entre la democracia y el desarrollo económico “sin democracia”, las preferencias por la democracia aumentaron extraordinariamente de 26% de opinión positiva en el 2008 a 44% en el 2009. Adicionalmente, los latinoamericanos se han mostrado mayoritariamente de acuerdo (62%) con la afirmación según la cual “en una democracia el sistema económico funciona bien”. La confianza en las instituciones aumentó también considerablemente lo mismo que ha disminuido la percepción de progreso en la reducción de la corrupción a nivel regional. Entre los países que muestran una mayor satisfacción con la democracia se encuentran Uruguay, Costa Rica, Panamá y El Salvador. Desafortunadamente, ese no es el caso de algunos otros países que, como México, registra altos niveles de insatisfacción con la democracia.

En México, solamente 28% de los mexicanos encuestados está muy satisfecho con la democracia y el apoyo general a la misma se ha reducido nueve puntos en 2009 comparado con el promedio de respaldo del año pasado. De hecho, se situó al lado de Guatemala como dos de las naciones con menor respaldo al sistema democrático. Por supuesto que este dato no deja de ser preocupante en el contexto de una regresión autoritaria en algunos países latinoamericanos y frente a nuestra situación de democracia en vías de consolidación.

Sin embargo, los datos no son necesariamente sorprendentes. A nuestro país le urge una reforma política de fondo que atienda muchos de los problemas que mantienen a la población insatisfecha con la democracia y a las instituciones en un desgaste insostenible. De ahí la importancia de la más reciente iniciativa que el Presidente de la República ha presentado al Congreso a fin de poner al día muchos de nuestros mecanismos políticos y constitucionales que, en principio, fueron diseñados para un régimen autoritario que no existe más. La reelección de legisladores con periodos límite de 12 años, la reducción del número de integrantes del Congreso, el aumento al mínimo de votos para que los partidos políticos conserven su registro nacional, la creación de las candidaturas independientes, de la iniciativa ciudadana y de la segunda vuelta electoral para elecciones presidenciales, entre otras medidas, tendrían muy seguramente un efecto positivo sobre el desempeño y la opinión sobre la democracia en México. No obstante, el esfuerzo no puede parar en la aprobación de esta iniciativa presidencial. Hacen falta otros cambios de fondo en los propios partidos políticos, en el funcionamiento del Poder Ejecutivo y su interacción con los otros poderes, en las instituciones electorales y en el ámbito local de gobierno para realmente acercar la política a la sociedad y otorgar un poder mayor de decisión a los ciudadanos en la esfera pública.

Artículo publicado el pasado 2 de enero del 2010 en Milenio Diario, Estado de México

Aunque muchos avances se han venido registrando para diagnosticarla y comenzar a entenderla, la pandemia del VIH SIDA muestra solamente signos de una ligera disminución en el mundo. En consecuencia, se mantiene como uno de los más graves problemas de salud pública en el mundo. Esa ha sido una de las conclusiones más sobresalientes de la pasada celebración por el Día Mundial de la Lucha Internacional contra el SIDA. De acuerdo con estimaciones de ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud, actualmente existen alrededor de 33 millones de personas infectadas en el mundo. Aunque África es el principal continente afectado – donde se producen dos tercios de las infecciones totales- en América Latina el contagio no se ha detenido.

Foto: milenio.com

De acuerdo con reportes de distintos organismos regionales, América Latina y el Caribe es la segunda región con la mayor tasa de aumento del SIDA a nivel mundial con 5.4% de la población total afectada, es decir, alrededor de 2 millones de personas. Según el Banco Mundial, 567 personas contraen diariamente el virus en nuestra región y tan sólo el Caribe presenta una tasa superior de contagio que buena parte del continente africano. En general, las condiciones que inciden negativamente sobre el SIDA tienen que ver con la marginación, la pobreza, el escaso acceso a la educación y a los servicios de salud pero, fundamentalmente, la ausencia de políticas encaminadas a atender las necesidades de los más jóvenes que hoy día son los más afectados por esta pandemia. El estigma, la discriminación y la homofobia siguen jugando un papel muy importante para empeorar el contexto en el que se desenvuelve esta terrible enfermedad en nuestra región. En México hay 220 mil casos a partir de una de las tasas de incidencia más bajas en la región y afectando fundamentalmente a poblaciones altamente vulnerables. Para usuarios de drogas inyectadas, trabajadoras sexuales y hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres, por ejemplo, el riesgo es muy alto y las tasas de prevalencia son muy elevadas. Además, un porcentaje muy importante de quienes se encuentran infectados lo desconocen por lo que esto implica un reto gigantesco en materia de salud pública.

Por su parte, el Estado de México es la segunda demarcación con el mayor número de casos en la República tan sólo después de Veracruz. Según cifras oficiales, de los 2 mil 300 casos de mujeres infectadas por el VIH entre 2007 y 2009, el 52% se concentró en 5 entidades de la República y el 13.3% en el Estado de México. Producto de las escasas políticas de prevención y la poca atención que el gobierno del Estado ha puesto en éste y muchos otros rubros relacionados con la salud, los casos de VIH SIDA en el Estado de México se han disparado exponencialmente desde 2007.

Hoy son al menos 3 mil los mexiquenses portadores del virus quienes no solo tienen que luchar contra esta terrible enfermedad sino también enfrentarse a la discriminación y el rechazo que sufren de parte de las autoridades locales. La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México registra 17 quejas de personas portadoras del virus a quienes se les ha negado atención médica, se les ha despedido de sus empleos y se les ha impedido el acceso a otros servicios públicos.

Pero hay un sector de la población, especialmente vulnerable y crítico para las políticas de prevención del contagio, que registra solamente aumentos en los casos de infección. Se trata de las amas de casa que son contagias por sus maridos o parejas. Muchas de ellas, contagiadas por sus parejas que son, por ejemplo, migrantes en retorno temporal o permanente a sus hogares. En efecto, es la feminización de la epidemia, el dato más importante en nuestro país y en nuestra entidad. De acuerdo con estadísticas oficiales del DIF, mas del 40% de las mujeres infectadas a nivel nacional son amas de casa con lo que se pone en riesgo no sólo su vida sino la de sus hijos. De hecho, mas del 60% de los casos de niños y niñas afectados en nuestro país se infectaron vía perinatal por su madre mientras estaba embarazada.

Sin duda, hace falta desarrollar nuevas y ambiciosas políticas de prevención que, en su justa medida, adviertan a los sectores más vulnerables de la población de los riesgos que corren. Y hace falta, por supuesto, que los gobiernos centren su atención en los problemas más hondos que afectan a la sociedad. Es el caso del Estado de México donde, por cierto, 57 de cada 100 personas carecen de seguridad social.

Artículo publicado el pasado 26 de diciembre de 2009 en Milenio Diario Estado de México

Un efecto especialmente nocivo para el desarrollo de México y, particularmente, para el mejoramiento del nivel de vida de los más pobres, es la reducción en el envío de remesas internacionales. Por causa de la crisis económica, y particularmente del desempleo y la desaceleración productiva en los Estados Unidos, el envío de remesas a nivel global se ha reducido considerablemente y México no es la excepción. Tan sólo durante el segundo trimestre de 2008, el envío de remesas de mexicanos en el extranjero a sus familias se redujo un 18%. Peor aún, el número de hogares que se beneficiaban de esos envíos disminuyó, aproximadamente, un 14.8% según un reciente informe del Banco BBVA con base en datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares. De acuerdo con estas cifras, en el periodo que comprendió de 2006 a 2008, más de 275 mil familias a nivel nacional y concretamente 225 mil en poblaciones rurales, dejaron de contar con esta importantísima fuente de ingresos. Con base en estos resultados, y bajo el entendido de que para una alta proporción de este segmento poblacional las remesas eran prácticamente su único o principal ingreso, es evidente que la pobreza alimentaria, de capacidades y de patrimonio aumentará considerablemente.

Peor aún, aunado a la disminución de remesas que envían nuestros connacionales desde la Unión Americana, la crisis ha provocado que incluso familias mexicanas, especialmente en estados como Michoacán, Zacatecas y el Estado de México, envíen dinero a sus familias en Estados Unidos. Y es que la crisis económica en Estados Unidos ha lastimado especialmente al sector donde cada vez más migrantes ofrecen servicios: la construcción.

Tan sólo en el Estado de México, de enero a mayo del 2009, las remesas sumaron 750 millones de dólares, 100 millones de dólares (11%) menos que en el mismo periodo del año pasado.

Según Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, mucho se puede hacer desde los gobiernos y la iniciativa privada para reducir el impacto que tiene la crisis sobre la disminución de las remesas. Para ello menciona, entre otras medidas, la exigencia a los bancos para que reduzcan sus comisiones y para que no trasladen el costo de las transferencias sobre los migrantes, focalizar las medidas anticrisis al mejoramiento del ingreso de los hogares más pobres así como evitar nuevas restricciones migratorias. Pero, mucho más importante todavía, afirma que es indispensable incentivar inversiones productivas en comunidades expulsoras de migrantes.

En los Estados Unidos, distintas instancias de origen mexicano están haciendo un esfuerzo importante en este sentido. Destaca el reciente anuncio del consulado de México en Chicago de una nueva estrategia de promoción de las remesas denominado “Directo a México”. Este proyecto tiene la finalidad de identificar “circuitos migratorios” como el existente en el corredor Chicago-Michoacán-Jalisco-Guanajuato en donde en breve se pondrá en marcha una alianza entre instituciones bancarias, cajas de ahorro y uniones de crédito para un envío seguro y económico de dinero a nuestro país. La importancia de este programa tiene que ver con que fue una creación de los bancos centrales de México y Estados Unidos quienes, conscientes de la necesidad de reducir los costos de los envíos, consiguieron reducir la comisión a su mínimo: tres dólares por envíos de hasta cinco mil dólares.

Foto: ciudadania-express.com

Y es que con crisis económica o sin ella, una condición estructural de las economías mexicana y estadounidense es la complementariedad en materia de mano de obra y capital por lo que seguirá habiendo migración. Además, según un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, los mexicanos están demostrando tener capacidad de adaptación a la crisis y están compensando su reducción de ingresos trabajando más o incursionando en otros sectores donde existen más oportunidades para emplearse.

De ahí lo importante que será dar puntual seguimiento a la discusión que, el presidente estadounidense Barack Obama ha anunciado ya, se dará en el Congreso estadounidense a principios del próximo año con respecto a una reforma migratoria. Tocará a la política exterior mexicana y sus funcionarios responsables redoblar esfuerzos para hacer ver la mutua conveniencia de esta trascendental reforma.

Artículo publicado el pasado 19 de diciembre del 2009 en Milenio Diario, Estado de México

Afiche - ONU

Hace exactamente 61 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó uno de los documentos de mayor trascendencia para la evolución del derecho internacional contemporáneo. Se trata de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, recogiendo elementos sustanciales de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que data de 1789, conformó un catálogo de derechos y libertades esenciales que, en todo momento, los Estados están obligados a preservar y fomentar. Durante la elaboración de esta Declaración, los integrantes del Comité de redacción, entre ellos Eleanor Roosevelt y Rene Cassin, mantuvieron un objetivo primordial: construir un documento mediante el cual la comunidad internacional pudiese manifestar su voluntad política para respetar y nunca más atentar -como ocurrió sistemáticamente durante la Segunda Guerra Mundial- contra las libertades fundamentales y los derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales de las personas.

Este año, el secretario general de la ONU Ban Ki-Moon, determinó  dedicar esta conmemoración a la lucha contra la no discriminación en todas sus manifestaciones. Todos los dias millones de seres humanos en el planeta luchan contra la discriminación para obtener pleno acceso a la educación, a la salud, a la participación política y a la justicia. No obstante, y sin restar importancia a este aspecto, actualmente subsisten en el mundo nuevas y graves amenazas a la protección de los derechos humanos. La lucha internacional contra el terrorismo ha abierto nuevos y vergonzosos capítulos de violaciones masivas a los derechos humanos en Guantanamo y Abu Ghraib. Nuevas expresiones de intolerancia religiosa y étnica siguen presentandose especialmente en el continente asiático. El drama de los niños soldado en el Congo o Birmania, los escudos humanos en Palestina, el hambre que padecen millones de personas en Corea del Norte, los genocidios y las denominadas limpiezas étnicas en los Balcanes y África Subsahariana, los totalitarismos en Bielorrusia y Libia son apenas algunas de estas terribles expresiones del enorme desafío que enfrenta el mundo en esta materia. De ahí la relevancia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU de cuya eficacia, en buena medida, depende una solución a muchas de estas amenazas.

En una dimensión distinta, aunque no menos relevante, México tiene aún mucho por hacer para garantizar plenamente el respeto a los derechos humanos en los distintos ámbitos de la vida nacional. A pesar de los enormes avances que ha experimentado nuestro país en los últimos diez años, hay grandes pendientes que requieren de una solución expedita e integral. Por ello, nuevamente cobra relevancia un debate en el que hemos venido participando activamente desde el Congreso de la Unión. Me refiero a la idea de efectuar una reforma constitucional en materia de derechos humanos.

La idea de constitucionalizar los derechos humanos proviene de la necesidad de efectuar un cambio conceptual de gran relevancia en nuestra Carta Magna. Implica pasar de un régimen donde el Estado otorga garantías al ciudadano – como si fuese una graciosa concesión- a uno donde el Estado reconoce derechos humanos como base fundamental de su interacción con los ciudadanos nacionales o extranjeros que se encuentran en nuestro territorio. En efecto, la reforma vendría a cambiar muchas de las omisiones de nuestra Constitución que, en el pasado, sirvieron a la conformación de un régimen autoritario que limitaba las libertades, ocultaba al mundo la realidad nacional e inhibía la formación de ciudadanos conscientes de su papel como sujetos de derechos inalienables.

Sin duda, debatiendo este tema, podría ser la mejor manera de honrar nuestro voto afirmativo aquel 10 de diciembre de 1948 en la Asamblea General de las Naciones Unidas frente a una Declaración que estableció el compromiso universal con los derechos humanos. Otra forma de honrar esta importante efeméride podría ser emprender una discusión seria y franca sobre la necesidad de poner fin a las violaciones a los derechos humanos que se registran en nuestra frontera sur. Una nueva política migratoria en esa frontera sería un detonante de cambios transcendentales en muchos ámbitos pero sobre todo en la protección de los derechos humanos de los trabajadores migratorios, un tema esencial para nuestro país dado el drama de cientos de miles de mexicanos que anualmente cruzan la frontera norte en busca de mejores oportunidades.

Artículo publicado el pasado 12 de diciembre del 2009 en Milenio Diario, del Estado de México

Foto: presidencia.gob.mx | Cumbre del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York, del 5 al 8 de septiembre de 2000

Hace nueve años que la comunidad internacional en su conjunto adoptó, durante la denominada Cumbre del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas, 8 compromisos que desde entonces se conocieron como los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Para el año 2015, todos los estados miembros de la organización mundial se comprometieron a erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, garantizar un medio ambiente sustentable y fomentar una asociación mundial para la cooperación y el desarrollo.

El primer corte de caja ocurrió en 2005 y el diagnóstico era francamente optimista. Las cifras permitían vislumbrar un desempeño razonablemente positivo a nivel global y se preveía que salvo algunas notables excepciones –sobretodo en ciertas regiones de África y América Latina- el 2015 llegaría con la gran mayoría de los compromisos cumplidos.

Sin embargo, los avances registrados sobre todo en el combate a la pobreza y el hambre han comenzado a reducirse e incluso a revertirse como resultado de la crisis financiera y alimentaria en la que estamos actualmente inmersos. De acuerdo con el más reciente informe de las Naciones Unidas sobre esta materia, la población que vive en pobreza extrema se estima que ha crecido aproximadamente en 90 millones de personas más a partir de la crisis económica. Además, la población mundial que sufre hambre habría pasado del 16 al 17%, más de un cuarto de los niños en países en desarrollo están sufriendo desnutrición, y la equidad de género en el acceso al trabajo remunerado y a posiciones de empoderamiento también ha sufrido un importante decremento. Peor aún, una implicación especialmente indeseable para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio tiene que ver con una reducción generalizada, en la mayoría de los países del mundo, de los programas y políticas sociales que habrían contribuido a superar satisfactoriamente estas metas en 2015. Este es sólo un elemento más que  junto con el colapso de las exportaciones desde países en desarrollo, el aumento exponencial de la deuda internacional que contraen y la grave reducción en el envío de remesas dibuja un escenario poco halagüeño para cerrar la enorme brecha de desigualdad prevaleciente.

En México, la crisis alimentaria y económica mundial ha impactado considerablemente a la población más vulnerable. Las remuneraciones al trabajo se redujeron 21% entre 2006 y 2008 para el 20% de la población más pobre. En este mismo periodo, observamos que hubo incrementos en el número de mexicanos en condiciones de pobreza. Ello se verifica al observar que en lo que se refiere a la pobreza patrimonial, en el año 2006 el 42.6% de los mexicanos se encontraban en esta situación mientras que para el año 2008 se incrementó este porcentaje al 47.4%. Asimismo, en el 2006, el 20.7% vio mermado su ingreso disponible para adquirir el valor de la canasta alimentaria y efectuar los gastos necesarios en salud y en educación, cifra que aumentó a 25.1% en el 2008. Igualmente, en el 2006 el 13.8% de los mexicanos con insuficiencia de ingreso disponible para adquirir una canasta básica de alimentos, se vio engrosada en el 2008 a 18.2%. Esto prueba que, en el actual contexto de crisis, el cumplimiento de las Metas del Milenio se antojan lejanas. Incluso, el informe de la ONU menciona que frente a otros desafíos que implican reformas legislativas y compromisos políticos amplios, los resultados son mucho más modestos y, en ocasiones, regresivos.

De acuerdo con Sha Zukang, Subsecretario General de la ONU para Asuntos Económicos y Sociales, existen una serie de recomendaciones útiles para que la comunidad internacional, y particularmente nuestro país, retome la vía que le permitirá cumplir o acercarse mucho al cumplimiento cabal de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015.

Entre otras, destacan las propuestas de promover el empleo femenino, donde hay al mismo tiempo un atraso que representa una gran oportunidad para la economía global, establecer agresivas políticas estatales para la reducción del hambre entre las poblaciones más vulnerables, cooperar para generar un mayor compromiso político para darle prioridad a la salud pública, implementar políticas que atiendan la precariedad de la pobreza urbana y, por supuesto, combatir con determinación el cambio climático y otros fenómenos ambientales asociados.

Es un imperativo para esta LXI Legislatura del Congreso legislar y efectuar reformas para impedir recortes injustificados a los programas sociales, para dotar de más presupuesto a las políticas focalizadas a la población más vulnerable del país y robustecer un aspecto que, en nuestros países, es palanca clave para el desarrollo: garantizar una educación de calidad para todos.

Artículo publicado el pasado 5 de diciembre en Milenio Diario, Estado de México

Tras la ratificación de la República Checa hace apenas unas semanas, el 1° de diciembre próximo entrará en vigor el Tratado de Lisboa que, en buena medida, puede ser el avance más significativo en la integración europea desde el Tratado de Maastricht en 1992 que estableció la Unión Monetaria. La larga evolución hacia la supranacionalidad en distintos aspectos de la vida comunitaria ha derivado en un Tratado ambicioso cuyo objetivo primordial es hacer de la Unión Europea una entidad mucho más democrática, con mayor eficacia y mejor preparada para enfrentar retos globales.

Herman Van Rompuy www.eluniversal.com.mx

De entrada, el Tratado le otorga nuevas e importantes facultades al Parlamento Europeo en materia de legislación, presupuesto y acuerdos internacionales de la Unión. Con ello, el Parlamento obtendrá un estatus de igualdad frente al Consejo y la Comisión Europea que era indispensable dado el déficit democrático que imperaba en el entramado institucional de la toma de decisiones comunitarias. Además, el Tratado ha establecido la figura de la “iniciativa ciudadana” mediante la cual un grupo de por lo menos un millón de ciudadanos puede proponer a la Comisión hacer propuestas concretas de legislación. La Unión Europea ganará también en materia de eficacia con ágiles procesos de operación y votación y con nuevas mejoras institucionales. En primer lugar, la unanimidad nunca más será un criterio válido para la aprobación de decisiones sobre una multiplicidad de temas (excepto política exterior, defensa y asuntos fiscales) en el Consejo de Ministros a partir del 2014. A partir de entonces y mediante un proceso de adaptación hasta el 2017 pasarán de 36 a 87 los asuntos que se adoptarán por mayoría calificada en el seno de esta institución clave para la instrumentación de políticas de todo orden.  Además, el Tratado otorga rango de Derecho primario a la Carta de Derechos Fundamentales que contiene un catálogo de derechos civiles, políticos, económicos y sociales -las denominadas cuatro libertades- de observancia obligada para los Estados miembros y para la Unión en su relación con los ciudadanos europeos.

Catherine Margaret Ashton www.eluniversal.com.mx

Igualmente importantes resultan dos novedades especialmente relevantes para la acción exterior de la Unión Europea. Me refiero a la creación de las figuras de Presidente permanente del Consejo Europeo y de Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. En el primer caso se trata de dar mayor impulso político a la Unión nombrando un Presidente, de tiempo completo, para un periodo de dos años y medio, cuya misión principal será la de favorecer el consenso y la toma de decisiones al más alto nivel político así como representar a la Unión Europea en la escena internacional. Como resultado de arduas negociaciones previas a la deliberación que tuvo lugar el pasado 19 de noviembre, el entonces premier belga Herman Van Rompuy (recientemente sustituido en ese encargo por Yves Leterme) fue electo por los 27 países miembros. Van Rompuy es un destacado político belga,  ex presidente de la Cámara de Representantes de ese país, a quien se atribuye la entrada de Bélgica a la zona euro -cuando era ministro de Hacienda- y la exitosa formación de una coalición gubernamental que dio fin a fuertes tensiones entre flamencos y valones, por un lado, y democratacristianos, liberales y socialistas, por el otro. Por su parte, para el cargo de Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad -quien a su vez será por disposición del Tratado de Lisboa vicepresidenta de la Comisión Europea-  fue electa la laborista británica Catherine Asthon. Ashton se ha desempeñado, previo a este importante encargo, en múltiples posiciones de la administración pública en el Reino Unido y recientemente presidenta de la Cámara de los Lores -donde su rol fue crucial para la ratificación del Tratado de Lisboa- así como comisaria de Comercio de la Unión Europea. El Tratado de Lisboa dispuso también la creación de una tercera figura de relevancia no necesariamente menor. Se trata de la Secretaría del Consejo Europeo para la cual fue electo el destacado diplomático francés Pierre De Boisseiu, un hombre que ha trabajado buena parte de su vida para la integración y una auténtica leyenda de experiencia y talento diplomático entre la burocracia comunitaria de  Bruselas.

Los tres nombramientos tienen una relevancia sin precedentes. Son muestra clara del equilibrio y las perspectivas de diálogo y cooperación entre distintas convicciones políticas, tradiciones de pensamiento sobre la integración europea y diagnósticos sobre las perspectivas a futuro de esta empresa colectiva.  Demuestran, además un alto grado de madurez institucional de la Unión que no necesita de liderazgos mediáticos para ocupar un peso específico en el entorno internacional.  Pero, quizá más importante aún, son evidencia de que las relaciones de la Unión Europea con el mundo son un tema prioritario para la buena marcha del propio proceso de integración. En ese sentido y ante estos desarrollos comunitarios, las relaciones entre nuestro país y la Unión Europea pueden encontrar una oportunidad muy importante para consolidarse aún más. Especialmente en virtud de que en 2010 mexicanos y europeos celebraremos por igual el 50 aniversario del inicio de relaciones diplomáticas entre las partes y el 10 aniversario de la entrada en vigor del Acuerdo Global con esta entidad que es hoy ejemplo en el mundo de integración política, económica, comercial pero, sobre todo, de integración humana para la libertad y la paz.

Artículo publicado el pasado 28 de noviembre en Milenio Diario, Estado de México